Pintar desde Morelos 

Cristo Contel *

Hay momentos en que una escena artística deja de ser un conjunto de esfuerzos aislados y comienza a reconocerse como un territorio. Algo así empieza a ocurrir en Morelos. La Bienal BICU de Pintura, promovida por la Fundación Griselda Hurtado en colaboración con el Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano, surge en un momento particularmente significativo: cuando por primera vez comienza a delinearse con mayor claridad qué podríamos llamar arte contemporáneo morelense. 

Durante décadas, la producción artística del estado ha coexistido inevitablemente con la gravitación de la Ciudad de México. La cercanía geográfica ha provocado que muchos artistas desarrollen sus trayectorias entre ambos contextos. Sin embargo, con el tiempo también ha ido emergiendo una sensibilidad propia: una manera particular de mirar el paisaje, las tensiones sociales y la cultura visual que atraviesa a Morelos. 

En ese contexto, la creación de una bienal dedicada a la pintura no es un gesto menor. Las bienales funcionan como dispositivos de lectura del presente: permiten identificar preocupaciones estéticas, líneas de investigación y nuevas generaciones de artistas. Más que un simple concurso, una bienal es una plataforma de visibilidad y diálogo. 

La iniciativa cobra aún más relevancia al provenir de la Fundación Griselda Hurtado, que además de impulsar esta primera edición será la encargada de otorgar los premios. En un momento donde las alianzas entre sociedad civil e instituciones culturales se vuelven cada vez más necesarias, este tipo de colaboración abre una ruta interesante para fortalecer el ecosistema artístico del estado. 

La convocatoria ya se encuentra abierta y puede consultarse en el sitio del Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano (www.mmacjs.org), lo que marca el inicio formal de un proceso que, más allá de los resultados, permitirá tomar el pulso de la pintura contemporánea producida desde y para Morelos. 

Hablar de una escena implica también reconocer a quienes han abierto camino y han contribuido a posicionar la producción artística del estado dentro del panorama nacional. Entre ellos se encuentran Cisco Jiménez, Gabriel Garcilazo y Javier Ocampo, cuyas trayectorias ayudan a entender cómo el trabajo realizado desde Morelos puede dialogar con discusiones más amplias del arte contemporáneo. 

Estos antecedentes permiten comprender que hablar de arte morelense no significa reducirlo a una etiqueta regionalista, sino reconocer un punto de enunciación: un lugar desde donde se observa, se piensa y se produce. 

La Bienal BICU de Pintura aparece entonces como una oportunidad estratégica para identificar nuevas voces y, al mismo tiempo, fortalecer una conversación que ya está en marcha. Una conversación que involucra a artistas, instituciones, espacios independientes y a un público cada vez más interesado en comprender qué se está produciendo en su propio territorio. 

Si algo nos enseña la historia del arte es que las escenas culturales no aparecen de manera espontánea: se construyen a partir de plataformas que permiten que las obras circulen, se discutan y encuentren interlocutores. 

Tal vez estemos justo en ese momento. Un momento en el que Morelos comienza no solo a producir arte contemporáneo, sino también a reconocerse dentro de él. 

El trópico observa. Y lo que empieza a verse es, cada vez con mayor claridad, una pintura que también sabe desde dónde habla. 

*  Director del MMAC y artista 

La Jornada Morelos