Lxs trabajadorxs que insisten

María Olivera *

Hace días que pienso en un texto escrito por Tania Greenberg, publicado en la plataforma Esfera Pública, en el que hablaba del curador como contratista y en el que narraba algunas de las vicisitudes por las que puede pasar esta figura cuando, en vez de entregarse plenamente a la experiencia de construir exposiciones, tiene que atender también asuntos jurídicos, resoluciones de último minuto con lxs artistas o con la prensa, entre otras actividades que podrían desviar su atención de aquello para lo que, en teoría, ha sido contratado.

Traslado esta lectura a la realidad de los museos nacionales que, seguramente, tienen la firme intención de hacer proyectos, convocar audiencias y construir pretextos para encuentros y diálogos, es decir, atender su vocación, pero que pueden verse limitados por cambios de último minuto provenientes de un esquema vertical o por complicaciones en temas presupuestales, por ejemplo. Ante esto, los equipos de trabajo se enfrentan a un sinfín de escenarios críticos en los que hay que seguir solventando –acaso sosteniendo– el proyecto, los proyectos.

Retomo algunas de las frases de Greenberg como punto de partida para desmenuzar la experiencia que nos acompaña como trabajadorxs de museos en la labor diaria, con la intención de colectivizar las vueltas de tuerca que aparecen en nuestro cotidiano y que se acentúan en temporada de montajes, cuando el tiempo importa más que nunca y cuando las decisiones que tomamos impactan como ondas de agua a nuestro alrededor.

Siempre he sido de la idea de que las condiciones laborales en el sector público de la cultura y el arte no son precisamente afortunadas y que es justo en esta desdicha –aquí una licencia literaria para nombrar nuestro contexto– donde aparece el espacio ideal para que la creatividad se expanda con tal de resolver los inconvenientes: Que la pintura no llegó a tiempo… Que tal iluminación ya no funciona… Qué inauguramos tres exposiciones en menos de diez días y no hay taquetes. Reformulamos una y otra vez el cronograma de trabajo para salir del paso, para no decepcionar a nadie. Creo que trabajar en un museo me ha enseñado más del desapego y la falta de control sobre las cosas que cualquier otra práctica espiritual… y confieso que he probado varias. Como dice Greenberg: “El curador como contratista se convierte en gestor de crisis”[1].

En otro momento, la autora menciona que “el curador siente que su trabajo intelectual se reduce a controlar daños”, lo cual es más práctico de lo que se piensa. Claro que analizar el carácter de las obras importa, claro que se hará una labor de investigación previa a cada exposición, claro que se preparará una memoria de la muestra para el futuro, pero todo esto se percibe como labor secundaria cuando lo que hay que solucionar es el montaje, las condiciones de las salas o el mantenimiento del edificio, por ejemplo. En hacer del caos algo simbólico y maleable.

“El curador debe negociar con la institución, que le recuerda que el presupuesto está cerrado y que ‘cualquier gasto adicional deberá asumirse desde su propio contrato’”, ¡el tema del dinero! Tanto bien que nos haría poder trabajar en el mundo del arte sin pensar en las finanzas, ¿acaso seríamos más creativxs? ¿nos preocuparían menos los deber ser y apostaríamos más por los poder hacer? Desafortunadamente aún no puedo darle respuesta a esa pregunta pues, de este lado de la vida, seguimos haciendo números.

Con mucha pertinencia, una de las últimas sentencias que suelta la escritora es “el curador como contratista se pregunta si valía la pena”, si las gestiones adicionales eran necesarias, si se logrará una exposición tan redonda que todo mundo olvidará los escándalos mediáticos que surjan de la gestión o si quizá es un proceso que repetiría sin pensarlo dos veces. Quienes reconocemos el privilegio de trabajar en una institución dedicada al arte contemporáneo –con todo y todo– diremos que sí, que todo ha valido la pena y que, ojalá en el futuro haya condiciones más justas para la escena artística y para lxs trabajadorxs del museo, pero que el esfuerzo se compensará cuando se convoque a la gente para asistir a las exposiciones.

[1] https://esferapublica.medium.com/el-curador-como-contratista-2ab300cca553

*Subdirectora de Investigación del MMAC y crítica de arte

Foto: Cortesía

  1. https://esferapublica.medium.com/el-curador-como-contratista-2ab300cca553

La Jornada Morelos