Subtítulo: La urgencia de la pausa

*María Olivera

Para esta entrada, inevitablemente hablaría del silencio. Pero no del silencio ritual a lo largo de un periodo de meditación ni del supuesto acallar de nuestra mente cuando está atenta a estímulos externos como el cine, sino de aquel que nos encuentra en las salas de exhibición, en los talleres de artistas y sus procesos creativos, incluso del silencio político que habita ciertas estructuras culturales que valdría la pena revisar y, particularmente, del silencio en obras sonoras que nos ayuda a entender otros modos de habitar los espacios destinados a la escucha.

En principio, la quietud y el arte son dos realidades que se entrelazan de maneras profundas, aunque a veces de forma inadvertida. Por lo general, al entrar en una sala de exhibición solemos esperar cierto registro acústico que permita contemplar las piezas sin mayores distracciones; en algunos espacios se cuelan los sonidos del exterior –autos, aves, histerias colectivas– y en otros, el sosiego se impone. Pienso en las veces que he visitado la sala del MMAC que se denomina El Cubo, un espacio que se encuentra debajo de los estanques del museo y en el que se encarna una teatralidad particular por el puntual uso de acentos de iluminación siendo, además, una sala sin luz natural ni sonoridad exterior. Tan sólo un aura de silencio que nos atrapa. Las piezas que se han presentado aquí se sustentan en las pausas, en la delicadeza de la quietud y en la insistente invitación de conversar uno a uno con ellas, tal como sucede con las obras de Pablo Castillo ahora expuestas y tal como sucedió con la muestra Xochitlametzin del artista Martín Soto Climént. En esta primera aproximación al silencio hay un reconocimiento de esta cualidad en el ambiente y en el espacio al que entramos.

Por otro lado, hay un silencio que surge en los procesos creativos, en el momento en que lxs artistas están frente a su trabajo, por ejemplo, o cuando nos enfrentamos a la página en blanco justo antes de escribir. También existe un silencio que aparece cuando nos tomamos una pausa para entender física, mental, emocional o quizá intuitivamente, qué es lo que acaba de pasar con el trazo recién hecho en el lienzo. Recuerdo, cuando trabajaba como asistente de artista, el silencio al terminar el día y el gesto de apagar la luz del estudio para dejar a las obras habitar la quietud de la noche y respirar sus procesos. Creo que hay pocos silencios que desafían al tiempo de una manera tan especial como las piezas a medio hacer a las que volvemos una y otra vez, día tras día, noche tras noche, hasta terminar su producción.

De manera particular, el concepto de silencio en el contexto de lo contemporáneo, ante la multiplicidad y sobre exposición de estímulos, puede entenderse como una aproximación al espíritu, a la noción más profunda de humanidad. Adrienne Rich, poeta estadounidense, escribiría al respecto en Cartografías del silencio: “El silencio puede ser un plan / ejecutado con rigor / la copia heliográfica de una vida / Es una presencia / tiene una historia y una forma / No lo confundas / con cualquier clase de ausencia”. En el ámbito del arte contemporáneo, la producción de silencio ha sido una constante desde que éste se focalizó ensimismadamente en la exploración de sus propios límites; lxs artistas hablan sobre la reducción, la nada, la pausa y la ausencia, la no-acción, el vacío o la renuncia, sin agotarlo.

En el entramado del silencio y el arte, puede parecer que “no hacer nada” equivale a “no decir nada”. Pero basta asomarse a casos como 4’33” (1952) de John Cage, en la que el intérprete no toca una sola nota durante cuatro minutos y treinta y tres segundos o el álbum Sleepify (2014) del grupo Vulfpeck, compuesto por diez canciones de treinta segundos cada una, todas ellas en silencio absoluto, para reconocer que el silencio puede ser también un motor creativo y una crítica punzante. El arte nos enseña que incluso en lo que no suena, en lo que no se muestra, algo se está diciendo. Y tal vez este espacio sea lo más importante de todo o lo más urgente.

* Subdirectora de Investigación del MMAC y crítica de arte.

La Jornada Morelos