UCRONIA

 

Un sonido estridente se adueñó del celular de Itzel, que además entró en una extraña vibración en el momento preciso en que estaba enviando un mensaje a Ginna para avisarle que iba a llegar a la cita con una media hora de atraso, debido al operativo del simulacro nacional y porque aún no había almorzado. Asustada, soltó el aparato que parecía haber cobrado vida propia. Con la mente confundida, olvidó el protocolo de evacuación que se había propuesto aplicar al pie de la letra: dejar apagada la estufa en caso de encontrarse cocinando la comida o apagar el horno eléctrico, según fuera el caso, llamar a sus perros para colocarles la correa, salir a la calle con ellos para ver si sus vecinos también se encontraban participando en el ejercicio nacional, filmarse en Tik Tok para recibir posteriormente felicitaciones. Nada de eso sucedió. Su plan cayó y su celular también. El aparato retumbó dos veces en el piso, provocando más ruido y susto en ella. Preludio de una muerte digital anunciada; no. El aparato, protegido por una carcasa y un protector de pantalla, sobrevivió al ataque. Iztel lo alzó y lo guardó en sus manos tal un pájaro herido pidiendo auxilio. Segundo a segundo estaba recobrando sus sentidos, su rostro recobró color, su respiración se volvió regular. Volteó alrededor suyo: todo parecía estar normal. Sus perros la observaban angustiados. No habían recibido sus premios por no ladrar durante el simulacro.

En cámara lenta, recordó toma por toma lo ocurrido un poco antes de las doce del día. Luis preparaba su especialidad, una crema de zanahoria, bromeando con su novia Itzel sobre una tarea que tenía que hacer sobre La guerra de los Mundos, la adaptación radiofónica de la novela de H.G. Wells, transmitida el 30 de octubre de 1938 que causó pánico entre algunos oyentes que la confundieron con noticiero real, creyendo entonces en una invasión marciana en Nueva Jersey. En nuestra época, sería imposible creer algo así. ¿No crees Luis? No estoy tan seguro, seguimos siendo muy crédulos los seres humanos y bueno, ahora con tantas fake news… contestó con un tono perentorio el novio de Itzel. Puede ser que tengas razón, contestó automáticamente por desinterés en la conversación.

Itzel llevaba tiempo preocupada por las infidelidades a repetición de Luis, aunque nunca haya podido comprobar ninguna. Como señal de su buena fe y de su amor incondicional, su novio le prestaba su celular para que ella pudiera corroborar la autenticidad de sus sentimientos revisando sus mensajes y emails. De seguro, borra los mensajes comprometedores antes, afirmaba Itzel, desconfiada. Ella hubiera jurado que su novio le mentía, pero se rendía ante su gentileza permanente. ¿Después de la crema, quieres comer una milanesa empanizada o prefieres que te prepare la misma hamburguesa que ayer? La mujer optó por la segunda propuesta sin vacilar. Revisó su celular para conocer a detalle la hipótesis del simulacro: el supuesto será un sismo de 8,1 con epicentro en… Itzel no alcanzó a terminar de leer. La casa se llenó de sonido. El celular de Luis sonó desde la mesa de la cocina, el suyo empezó a retumbar. Escuchó con toda claridad otra alarma sonar, procedente del bolsillo izquierdo del pantalón de su novio. Sus ojos se agrandaron de miedo y de celos.

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

Hélène BLOCQUAUX