
Muchas cosas han logrado descifrar la ciencia, avances tecnológicos para la mejora y entendimiento del cuerpo humano; el surgimiento de las ciencias de la conducta ha revolucionado la percepción que tenemos de cada individuo entendiendo que existe un contexto social, familiar, político y económico que puede determinarlo. Sin embargo, existe un caso puntual en el que las mentes más brillantes han fracasado: la mente y el comportamiento de las mujeres, intentado escudarse en “enfermedades mentales” (histeria femenina) y alteraciones hormonales, la dificultad de comprender y estandarizar las mentes más complicadas tiene mucho que ver con una contradicción muy marcada entre su comportamiento natural y su discurso.
Después de un largo y confuso camino la derrota se traduce en la frase que invade nuevas generaciones: los hombres y las mujeres somos iguales, en el intento no solo de anunciar la incapacidad por descifrar correctamente las diferencias, también se busca una unión social que enfrenta una crisis violenta y de odio que ha llevado a hechos espantosos de la vida real inimaginables desde asesinos seriales, homicidios sin razón comprensible, violencia doméstica y desigualdad laboral. La idea de igualdad es un escudo de defensa viable como acto de desesperación por detener una violencia normalizada en la sociedad actual.
Desde la época de las cavernas, el instinto femenino genero adaptaciones de acuerdo con el contexto en el que se desenvolvían, frente a un entorno peligroso y un hombre que buscaba la sobrevivencia, las mujeres encontraron dentro de su oscura y fría cueva el instinto de cuidar mediante un lenguaje simbólico de cuidados, alimentación y comprensión para quien la protegía del exterior. Este primer contacto de la vida se guardó profundamente en el inconsciente del hombre y la mujer el cual intenta ser callado por una actualidad que busca de manera desesperada modificar las actitudes más primitivas con las que cuenta cada ser humano, sin darse cuenta de que son estas mismas las que los llevaron a sobrevivir y transformarse en la sociedad de hoy.
Nos enfrentamos a un discurso de liberación con rasgos confusos de libertinaje donde el falso feminismo busca borrar un periodo evolutivo que sale a relucir en el momento que se decide formar una pareja y una familia, el instinto natural se apodera de la misma forma en el hombre y la mujer traducido en una serie de comportamientos tachados de “sexistas” por una sociedad experta en crítica pero ignorante en análisis. De manera natural e inexplicable los pensamientos de las mujeres comienzan a cambiar confrontándose entre lo su ansia de libertad le niega, pero su instinto más profundo y primitivo la orilla a hacer frente a los mensajes implícitos con los que ha crecido en una sociedad como la mexicana donde abundan los gritos de feminismo y los callan las tradiciones.
Frente a la decisión de compartir la vida (hablando románticamente) la actitud de la mujer comienza a cambiar, preocupaciones anteriormente inexistentes en su pensamiento comienzan a invadir los impulsos de actuación: mantener un entorno limpio parece ser una nueva prioridad, cuidar de quien ama y demostrarlo mediante símbolos aprendidos culturalmente como la alimentación, respaldar a su pareja, volverse madre y entregar su vida al cuidado de su hijo o hija, colocándolo como prioridad frente a todo incluso ante una situación mental de confusión en la que internamente busca lograr lo prometido por el feminismo actual: la libertad e independencia pero en contrario comienza a olvidar que es un ser único con un propio proyecto de vida, se aleja de sí misma y calladamente omite la posibilidad del acto egoísta de cuidarse.
El discurso actual de liberación femenina ha sido contagiado con la violencia de la actual sociedad, pues sin análisis previo ni comprensión del comportamiento natural además de las contradictorias tradiciones de nuestro país, se les ordena actitudes de desprecio a los hombres dejando atrás la idea de acuerdos y apoyo mutuo pues cuando una mujer violenta al otro género es aplaudida pero cuando se enfrentan al lenguaje de amor es criticada y castigada. Las nuevas generaciones han entendido de manera incorrecta la liberación femenina recurriendo a extremos violentos y dañinos para ellas mismas, su respuesta agresiva es un reflejo el teléfono descompuesto que enfrenta el mundo del conocimiento: alguien lee un párrafo, no lo entiende, sus inseguridades lo traducen en un discurso violento y es adoptado por seguidores que prefieren el resumen deformado.

Las mujeres no deben ser sumisas, no es adecuado regresar a las épocas de represión, pero entender que no somos iguales ni biológicamente mucho menos mentalmente, es la clave para comenzar a dar mensajes que fomenten seres humanos con pleno entendimiento de su cuerpo y sus emociones de otra manera seguiremos enfrentando problemas sociales y de salud tan cruelmente divididos.

*Psico nutrióloga

