

En los últimos cuarenta años se ha modificado, de manera significativa, los instrumentos o herramientas tecnológicas a través de los cuales nos comunicamos con los demás, cuyos efectos están repercutiendo en nuestra manera de sentir, de pensar, de hablar, de relacionarnos y, sobre todo, de interpretar el mundo. A una velocidad vertiginosa pasamos de una manera de comunicarnos de contacto real, personal, visual, afectivo, cálido y humano; a una forma de comunicación virtual, aparente y sin significado profundo en la relación humana. Cuyas consecuencias están afectando nuestra estructura psicológica y socioemocional, sus efectos perniciosos para la salud empiezan a conocerse.
El uso persistente de redes sociales, como el medio predilecto de comunicación, especialmente, por parte de los jóvenes ha generado un impacto negativo en su salud mental. La constante exposición a contenidos idealizados provoca inseguridades y comparaciones que deterioran su autoestima. Además, el tiempo prolongado frente a pantallas reduce la capacidad de concentración y afecta el rendimiento académico. La dependencia de estas plataformas también fomenta la ansiedad y la sensación de aislamiento social y de soledad.
Lo grave de esta nueva forma de comunicación es ver a padres de familia que les proporcionan a sus hijos a temprana edad sus celulares o Tablet, sin ningún control de su uso, para que se entretengan y no les den lata. El descuido de esta nueva conducta y su ignorancia del daño que pueden causan en sus hijos es insospechado. A la hora de la comida, el espacio de convivencia más importante para la unidad de la familia, se ha convertido, por causa de que todos tengan a un costado sus celulares y estén más atentos a ellos, en un lugar de incomunicación familiar, de indiferencia y desprovisto de una conversación que ya no los enriquece.
Con la llegada de la inteligencia artificial, nuevos riesgos se suman a esta problemática. Los jóvenes ahora están expuestos no solo a información falsa, sino también a algoritmos que manipulan sus preferencias y comportamientos. Estas tecnologías pueden reforzar burbujas de opinión y generar adicción, afectando su criterio y autonomía. El uso desmedido de IA puede distorsionar su percepción de la realidad y dificultar la toma de decisiones informadas, aunado a lo anterior genera en ellos un sentimiento de vacío y ahonda su soledad.
*Ex catedrático de la UAEM y analista político

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