El 26 de enero del convulso y trágico año de 1994 en el Periódico Tierra y Libertad se publicó el decreto 895 que creaba el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos (CIDHEM). Era la recta final del gobierno de Antonio Riva Palacio López, y los umbrales del fallido periodo del general Jorge Carrillo Olea, el más brillante pero el más saboteado de los gobernadores. Su caída, él mismo lo ha reconocido, estuvo orquestada desde la federación einspirada por el rencoroso presidente Ernesto Zedillo.

Fueron los años de la crisis y caída del régimen priísta y de la fallida transición democrática en el año 2000. Nunca mejor momento para el nacimiento de un lugar de conocimiento y de reflexión critica. El CIDHEM fue fundado por el Dr. Ricardo Guerra Tejada, una lumbrera de la filosofía en México. Guerra había estudiado con Heidegguer en Alemania y conocía el éxito del Instituto de Investigaciones Sociales fundado en 1923, cuyos integrantes son reconocidos como La Escuela de Frankfurt.

El CIDHEM fue, junto al Instituto de Cultura de Morelos, como alguna vez se lo escuché a Ricardo Guerra en una conferencia en la UNAM, una posibilidad de crear verdaderos centros de producción de conocimiento, de investigación y de difusión, con la participación de las y los mejores. En parte en esa década se dio una nueva oleada o el exilio de intelectuales, académicos y artistas en Cuernavaca, Tepoztlán, Tlayacapan y Yautepec.

Como nos lo ha recordado en diversas ocasiones nuestro querido Braulio Hornedo Rocha, por las aulas del CIDHEM han desfilado verdaderas celebridades del mundo de las ciencias en México, entre ellos: Elsa Cross, Patricia Galeana, Gloria Villegas, Eduardo Matos Moctezuma, Carlos Montemayor, Octavio Rodríguez Araujo, Rodolfo Stavenhagen, Alfredo López Austin, Enrique Florescano, Federico Patán, Roberto Moreno de los Arcos, Alfredo López Austin, Ricardo Pérez Montfort, Arturo Souto, Ambrosio Velasco o Antonio García de León.

Braulio Hornedo Rocha se ha convertido en el acucioso cronista de la institución. Durante años Braulio ha hecho recuentos periodísticos y en su muro de Facebook para dar cuenta de una historia imbricada por lo cultural y lo intelectual, nunca exenta de las disputas entre verdaderos intelectuales y trepadores, farsantes y advenedizos que obtuvieron sus posiciones a partir de cercanías que se han supeditado al poder. Sobre esto último el Dr. Octavio Rodríguez Araujo también escribió.

Hay que decirlo, el CIDHEM no estuvo exento del manotazo político por parte de gobernadores como el panista Marco Antonio Adame Castillo, lo extinguieron y continuaron ideologizándolo yunkista, o como un bastión para titular a modo y para emplear amistades; o como el perredista Graco Ramírez Garrido que lo refundó mediante el polémico decreto 2055 en El Colegio de Morelos, sin ningún consenso social, ignorando a la comunidad académica y de estudiantes como otrora sus autoritarios antecesores. También hubo a quienes ni siquiera lo voltearon a mirar, como Sergio Estrada Cajigal o Cuauhtémoc Blanco dando lugar a su degradación y empobrecimiento, con todo la instalación de pequeñas mafias conservadoras, o a quienes se sirvieron otorgándose súbitos e inmerecidos emeritazgos.

Ha pasado una década y El Colegio de Morelos vive hoy momentos promisorios al reivindicar la tradición humanística de un entidad que ha padecido el capicho de sus gobernantes, quienes desde la política no han permitido la consolidación de sus instituciones culturales, educativas y científica. La llegada del Dr. Carlos Barreto Zamudio hace casi un año, el 27 de septiembre de 2024, fue una esperanza, luego de casi una década de crisis institucional provocada por los yerros políticos y las ambiciones del exrector Juan de Dios González Ibarra, algo muy común ante la poca elegancia de la gestión que entrecruza lo académico y lo político. A los intelectuales también les gusta el poder, quizá porque antes que imntelectuales son realmente políticos.

Bareto Zamudio pertenece a una sólida generación de jóvenes académicos e investigadores, cuyos méritos y obra científica o trayectoria docente les respalda, que venía de ser profesor investigador de tiempo completo y director del Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Estudios Regionales y presidente del Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Externo, pero no ajeno, Barreto llegó para darle resignificación y estabilidad a una institución que tiene como reto consolidarse, restaurando para ello lo mejor de esa tradición humanística de ese viejo CIDHEM que alguna vez soñó Ricardo Guerra y que tanto se necesita, formando profesionistas de excelencia para pensar críticamente la complejidad de las realidades morelenses, más allá de las aulas y los laboratorios, en el territorio.

Muchas felicidades a quienes lo conforman y lo honran en su vocación y en su trayectoria.

Larga vida a El Colegio de Morelos.

Imagen cortesía del autor

Gustavo Yitzaac Garibay