

Después de la ceremonia celebratoria del décimo aniversario de El Colegio de Morelos no he dejado de pensar en el mal concepto generalizador que mis padres tuvieron de dos ramas de las humanidades, el Derecho y la Filosofía.
–Hijo, tú no tienes madera para ser abogado, estos son malos, viven de la gente, la engañan, la roban, no tienen escrúpulos ni se tientan el corazón, son trinqueteros –me sermoneó mi madre, quizá en inconsciente venganza, luego de que se le bajó el coraje porque la enteré que decidí abandonar el seminario. Especulo si por la cabeza de mi madre no rondó la conclusión: “si no quieres ser lo que quiero, tampoco serás lo que quieres”.
Después de todo, como mi madre seguía ejerciendo el papel de matriarca, decidí cumplirle a medias su capricho: estudiaría Filosofìa.
–Hijo, allá tú, pero te advierto, de eso te morirás de hambre –sentenció mi padre.
El criterio de mis padres se fundaba en obvias generalidades; sin duda hay abogados buenas gentes y filósofos que viven bien. Pero entre generalizaciones asoman algunas verdades. Por ejemplo, recuerdo que una ocasión me solicitaron ayudar a salir de prisión a una persona acusada de delito grave, y como yo tenía abogados a mi cargo, le encargué estudiar el voluminoso expediente al más fogueado.
–Revisa el expediente y me dices si a tu criterio esta persona es o no inocente.

–A mí solo indícame si quieres que lo saque o no. El expediente me dirá cómo hacerle dependiendo de lo que tú ordenes.
El pronóstico de que yo moriría de hambre si estudiaba filosofía no fue certero, pues aunque abandoné la carrera con el 82 por ciento de créditos aprobados aquí sigo dando lata después de medio siglo. Reconozco que se me han cerrado puertas y que el costo lo ha pagado mi familia.
También recordé que en junio pasado, cuando la UAEM dio a conocer las listas de quienes aprobaron el examen de ingreso, Roberto Fucas, miembro de El Colegio de Morelos, escribió: “Es inevitable… no sentir alegría por todos aquellos que fueron aceptados y, también, siento mucha pena por los que no alcanzaron un lugar… al revisar las listas me percaté de algo que llamó mucho mi atención, me provocó cierta angustia y me hizo reflexionar. Y es que, de las carreras que ofrece el Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales (IIHSC)… en esta ocasión los aspirantes tanto para Filosofía, Antropología, Letras Hispánicas e Historia, fueron muy pocos.
En la Licenciatura en Historia se aceptaron a 14 personas, en Filosofía a 18, en la Licenciatura en Antropología a 7 y en la de Letras a 11. Es decir, en total, fueron aceptados 50 aspirantes. Un número alarmante. Y eso no es lo peor, si vemos la lista de los no aceptados, el IIHCS no aparece, o sea que se aceptaron a todos los que se interesaron por estas carreras”.
No solo hay que celebrar que El Colegio de Morelos cumple su primera década, sino que además, atiende a 600 estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado en ciencias sociales y humanidades como Historia, Filosofía, Pedagogía, Antropología, Derecho, Literatura, Ciencias Políticas, pero sobre todo, que lo hace con excelencia, teniendo como eje conductor el pensamiento crítico.
Va mi felicitación al rector Carlos Barreto Zamudio y a su gran equipo de colaboradores que en tan solo diez meses han logrado que El Colegio de Morelos sea un faro orientador y formador de la sociedad morelense.

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