

(primera parte)
Edna Galindo Dellavalle*
El cielo nocturno ha sido y es una fuente inagotable de recursos. Desde siempre la humanidad ha usado la contemplación para tratar de dar respuestas a las incógnitas del universo. Con el desarrollo tecnológico hemos esbozado cierto entendimiento del cosmos pero este avance, también nos ha heredado problemas.
La bóveda celeste es parte de nuestro paisaje, de nuestro territorio. Incluso, como algunos autores afirman que el territorio es patrimonio “al ser el resultado de estructuras e interrelaciones entre factores naturales, económicos, sociales y culturales”[1]. En la Convención Sobre La Protección Del Patrimonio Mundial, Cultural Y Natural, publicado por la UNESCO en 1972 define en su artículo 2 que dentro del patrimonio se encuentran: “los lugares naturales o las zonas naturales estrictamente delimitadas, que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista de la ciencia, de la conservación o de la belleza natural”. Es discutible si la bóveda celeste es una zona delimitada, puesto que en este caso los límites están confinados a la observación, por esto me parece pertinente pensar en una nueva forma de darle valor a este patrimonio natural, “se requiere una nueva gestión del territorio (gobernanza) y ésta sólo es posible desde una nueva cultura territorial”[2].
Es gracias a la protección de este patrimonio que surge el turismo astronómico o astroturismo como una forma de viajar recreativamente, un tipo de turismo que lleva consigo la encomienda de conservar el cielo nocturno lo más oscuro posible.
Y es que el paisaje celeste ha sufrido un cambio significativo en la percepción de los pobladores debido a la interacción humana con el entorno. Uno de los factores que ha contribuido significativamente a este proceso es la contaminación lumínica. Definida según la International Commission of Illumination como la suma total de todos los efectos adversos de la luz artificial, está presente en mayor o menor medida en nuestras vidas. Dado que fue después de la revolución industrial cuando se produjo un cambio importante en el uso de la tecnología, es que a este tipo de contaminación se le denomine luz antropogénica, por estar asociada directamente a la actividad humana. Existen reportes que detallan cómo la exposición prolongada a ésta produce problemas en diversos ecosistemas, por ejemplo, interfiere con los ciclos anuales de las especies; retrasa la caída de las hojas de los árboles; adelanta la reproducción de las aves, retrasa la de los mamíferos y prolonga la de los insectos durante todo el año1.

El 18 de enero 2021 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la modificación a los artículos de la Ley Federal de Protección al Ambiente de 1982 y la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) de 1988, incluyendo las definiciones formales para México de contaminación lumínica, luz intrusa y demás terminología técnica para clasificar a este fenómeno como contaminante. El municipio de Ensenada, Baja California, promulgó un reglamento sobre la contaminación lumínica que se incluyó en la Ley Estatal de Protección al Ambiente con la finalidad de proteger el entorno del Observatorio Astronómico Nacional San Pedro Mártir. El estado de Morelos se encuentra aún fuera de esta legislación y hace falta trabajo participativo de visibilización, divulgación y difusión de esta problemática para sensibilizar tanto a los habitantes como a las autoridades para promover en el Congreso Estatal un reglamento que permita disminuir la contaminación lumínica a niveles aceptables.
Noche Estelar, como miembro del NODESS Morelos Solidario y Cooperativo, impulsa el desarrollo del Astroturismo como una forma de economía social aunado a la sensibilización para la conservación de los cielos oscuros, así como la creación de nuevas legislaciones a nivel estatal y municipal.
*Maestra en Ciencias Físicas, creadora y directora de Noche Estelar. Miembro del NODESS Morelos Solidario y Cooperativo.
Referencias:
Jägerbrand, A. K., Spoelstra, K. Effects of anthropogenic light on species and ecosystems. Science, 2023, vol. 380(6650), pp. 1125-1130. DOI: 10.1126/science.adg3173
2 Rodríguez, C. La cultura en los procesos de sostenibilidad del desarrollo. Patrimonio natural, cultural y paisajístico. Claves para la sostenibilidad territorial (pp. 18-21).

