Vigilar el peso materno antes y durante el embarazo contribuye a prevenir la obesidad infantil

Lucía Hernández Barrera, Martha M Téllez-Rojo, Alejandra Cantoral y Belem Trejo*

La obesidad se ha convertido en un problema importante de salud pública en México. El sobrepeso y la obesidad afectan a 73 por ciento de las mujeres en edad reproductiva y a 34 por ciento de los escolares. Las causas de la obesidad son diversas; sin embargo, en los últimos años, también se ha considerado el embarazo como una etapa crítica para el desarrollo del sobrepeso o de la obesidad infantil. Por ello, un peso materno adecuado antes del embarazo, junto con la prevención de una ganancia excesiva de peso durante el periodo de gestación, constituye un factor importante para asegurar una buena salud de la madre y del bebé en formación.

La obesidad materna puede tener repercusiones antes, durante y después del embarazo. Por ejemplo, antes del embarazo, la probabilidad de fertilidad puede reducirse; durante el embarazo, la madre tiene mayor probabilidad de desarrollar diabetes gestacional, preeclampsia y parto prematuro; al momento del parto, aumenta la probabilidad de cesárea, hemorragias o infecciones, incluso de mortalidad materna y neonatal. Después del parto también existen complicaciones para la madre, como la dificultad para amamantar y la retención de peso posparto, lo que aumenta el riesgo de obesidad materna a largo plazo.

La Norma Oficial Mexicana NOM-007-SSA2-2016 (para la atención de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio, y del recién nacido) establece recomendaciones para la ganancia de peso gestacional, con el fin de prevenir complicaciones tanto en la madre como en el bebé. Esta ganancia varía de acuerdo con el peso materno al momento de iniciar el embarazo.

Los primeros mil días de vida de una persona empiezan desde la gestación hasta alcanzar los dos primeros años posparto, y se han reconocido como una “ventana de oportunidad” para prevenir complicaciones posteriores de salud en la descendencia. En esta etapa la mujer está más receptiva a recibir mensajes de salud que, generalmente, están enfocados en cuidar la ganancia de peso durante el embarazo, así como las prácticas de lactancia. Sin embargo, intervenciones tempranas para modificar los factores de riesgo antes del embarazo pueden ser una estrategia preventiva más efectiva. Por ese motivo se recomienda promover un peso saludable en la mujer desde la adolescencia y antes del embarazo, para que la gestación inicie en condiciones óptimas y se reduzca así el riesgo de obesidad en la siguiente generación.

Como parte de las investigaciones que nuestro grupo de trabajo ha realizado en el Instituto Nacional de Salud Pública, en colaboración con investigadores de la Escuela de Medicina Icahn de Monte Sinaí en Nueva York, de la Universidad Iberoamericana y del Instituto Nacional de Perinatología, estudiamos a más de 700 mujeres desde el inicio del embarazo y a su descendencia por más de ocho años, y encontramos que casi la mitad de ellas presentaron una ganancia de peso mayor a la recomendada por la NOM. También encontramos que las mujeres que comienzan el embarazo con sobrepeso u obesidad tienen de 2 a 3 veces más probabilidad de ganar más peso de lo recomendado; además, las y los hijos de estas mujeres presentaron una mayor frecuencia de sobrepeso y obesidad abdominal a los 4-5 años de edad.

Dado que la ganancia de peso durante el embarazo es un factor que se puede prevenir, es importante vigilar y monitorear el peso de una mujer, de ser posible, desde antes de embarazarse. Las recomendaciones nacionales establecen una vigilancia especial dirigida a las mujeres que inician el embarazo con obesidad, para prevenir una ganancia excesiva de peso y, con ello, prevenir una mayor transferencia de grasa al bebé. En mujeres con peso normal pregestacional también se debe vigilar la ganancia de peso en el embarazo como una forma de prevenir la obesidad infantil.

Algunas de las acciones que contribuyen a cuidar el peso durante el embarazo son: mejorar la calidad de la dieta (incluir varios grupos de alimentos como cereales de granos enteros, frutas, vegetales, lácteos, alimentos de origen animal y grasas saludables); realizar actividad física moderada (como caminar o nadar); evitar el consumo de sustancias nocivas como la cafeína, el alcohol, el tabaco y las drogas, y, por último, proveerse de suplementos nutricionales (particularmente altos en ácido fólico y hierro).

* Especialistas en salud pública. Invitados por el Dr. Eduardo C. Lazcano Ponce.

La Jornada Morelos