

SOCIEDAD PROACTIVA
La verdad es ya incomprensible la cantidad de análisis políticos de lo que sucede en nuestro país que se hacen tan a la ligera, sin tener en cuenta el contexto histórico interno que explica la situación presente que analizan, y para algunos temas, sin hacer referencia expresa a situaciones de orden geopolítico que inciden en ella. Ese tipo de aproximación, que por cierto es el de la mayoría de los opiniatras cotidianos de los medios comerciales de comunicación, atentan realmente al derecho de la información, y abusan del derecho a la libre expresión.
En esta última semana han sobrado los intentos de valorar la gestión de gobierno de AMLO, buscando, casi siempre, hacer comparaciones simples con el pasado, sin tener en cuenta los años perdidos en razón de la parálisis mundial causada por la pandemia, así como por los efectos de la estúpida guerra de Ucrania provocada intencionalmente por el decadente eje anglosajón/judío, y sus irresponsables, mediocres y suicidas gobiernos cómplices de la Unión Europea. Por si fuera poco, ignoran también la inestabilidad mundial resultante del genocidio israelí contra Gaza, con la complacencia de la hipócrita “comunidad del norte global” que, pudiendo hacerlo, no gestiona la paz en el oriente medio.
Hablé en la entrega anterior sobre la importancia de que el gobierno federal que recién inicia, al igual que los recién inaugurados gobiernos locales como en el de Morelos, se programen para un nuevo tipo de comunicación social que realmente nos permita crecer y madurar como sociedad. Una nueva propuesta comunicativa debería ir más allá de los convencionales, y frecuentemente perversos, convenios de publicidad, entre el gobierno, y los medios comerciales concesionados.
Para ello, debe resignificarse la valoración que se hace hasta ahora de la información, esto es, determinar cuál es la realmente relevante, pertinente y oportuna sobre el quehacer de la vida nacional que la sociedad tiene derecho a conocer. Esto se dice fácil, puesto que las exigencias a las que se someten ahora los medios los obliga a estar produciendo las 24 horas del día contenidos para alimentar sus diferentes canales de salida. Esto hace, por un lado, que no se distinga lo importante de lo anecdótico, que la coyuntura prevalezca sobre los procesos, y que la información no se trabaje como un derecho, sino como una mercancía.
La exigencia de que un gobierno realmente comprometido con la sociedad formule una propuesta creativa de generación y divulgación de la información pública es sólo la mitad de la ecuación. La otra mitad es que grupos de ciudadanos organizados, con vocación de servicio a terceros, generen mecanismos de encuentro para definir lo que desde el punto de vista de ellos mismos consideran importante que los gobiernos les informen, así como la forma y frecuencia.

Si queremos transitar de una democracia meramente representativa, con todos los defectos que esa modalidad tiene, a una democracia participativa, basada en una corresponsabilidad entre gobierno y sociedad en la gestión de los asuntos públicos (res pública), los ciudadanos debemos generar en nosotros mismos una actitud proactiva frente a lo que sucede en nuestro país, y principalmente, frente a lo que queremos que suceda en el futuro. Debemos meter al debate público y al diálogo con los legisladores y con los titulares del poder ejecutivo el tema de lo que lo ciudadanos necesitamos saber, y comparar con lo que los gobernantes consideran importen informarnos.
¿Cómo se puede hacer posible lo anterior? Todo empieza precisamente por iniciar un diálogo ciudadano sobre el tema de la información que nos importa saber, aunque sea en pequeños grupos en un principio. Se trata de ir creando una “masa crítica” interesada en este tema, esperando que cada vez haya más ciudadanos que se pregunten y respondan sobre lo que es necesario saber. Sería ideal que los medios de comunicación que realmente quieran operar con vocación de servicio a la comunidad, y no sólo como empresas que buscan la ganancia, se consideraran parte de la comunidad y que ayudaran a organizar esos diálogos ciudadanos.
Un siguiente paso sería buscar los diálogos formales con los gobiernos, para que ocurra lo ya mencionado de comparar “la oferta y demanda” de información desde las dos perspectivas. En escenarios posteriores ya se vería lo que conviene que quede inscrito y determinado en leyes que hagan efectivo el derecho a la información relevante y significativa, sin que los ciudadanos tengan que requerirlo, como es ahora.
Los ciudadanos tenemos que entender con suficiencia cómo opera la generación y divulgación de la información en la época actual, la cual es completamente diferente a lo que conocimos en el pasado no muy lejano. Me refiero no sólo a los avances tecnológicos en las llamadas TIC’s (técnicas de información y comunicación), a las que se suma la recién llegada “inteligencia artificial”, sino también a la parte que tiene que ver con la intención y motivos de informar, cuyo alcance y propósitos están en la actualidad ya en el terreno de lo insano.
En efecto, son ya tan grandes los intereses e intentos a nivel mundial por controlar a las sociedades, sometiéndolas a las “delicias del entretenimiento y del consumo”, que sin darnos cuenta ya estamos metidos en ese engaño. Por tanto, habrá que activar mucho nuestra imaginación para poder salirnos de la trampa, y tener por primera vez como ciudadanos la capacidad y el poder para fijar nuestras reglas de convivencia.
*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

