OTRO DESARROLLO ES POSIBLE

 

La presente entrega de DEMOCRACIA REAL a La Jornada Morelos es la número 100, y aprovecho para agradecer por ello a Enrique Balp y a Héctor Hernández por su amable y generosa invitación.

También quiero compartir con los lectores que el contenido de este artículo gira alrededor del tema del “otro desarrollo”, el cual fue clave para el inicio de mi personal comprensión de cómo están intrincados los temas de desarrollo político, cultural, social, y económico en los países periféricos de América Latina, Asia y África.

Como preparación a la séptima sesión especial de la Asamblea General de Naciones Unidas (1975), la Fundación Dag Hammarskjold, organización sueca dedicada a buscar la paz y el desarrollo inclusivo, preparó un reporte especial sobre desarrollo y cooperación internacional, titulado “¿Qué hacer ahora?: el otro desarrollo”. El motivo de ello era tratar de resolver una problemática mundial que ya era inaceptable, y que se extendía a tan diversos campos como la alimentación, energía, población, medio ambiente, economía y finanzas.

Esta situación se reflejaba en los grandes índices de pobreza y de carencia de vivienda, alimentación, salud y educación de la mayoría de la población de los entonces llamados países “subdesarrollados” o del “tercer mundo”.

El reporte presentado diagnosticó que la gran crisis internacional se debía a la existencia de un sistema desigual de relaciones económicas, entre unos pocos países dominantes, y la mayoría de los países que eran dominados. Se hacía un llamado a reflexionar sobre los “límites del crecimiento”, ya que el puro desarrollo económico, sin beneficio para la mayoría de la población, era algo no deseado.

Es importante recordar que un antecedente importante que alimentó este reporte, fue la “Declaración de Cocoyoc” (1974), aprobada por los participantes en el Simposio organizado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), celebrado en la localidad mexicana de Cocoyoc, en el Estado de Morelos, al que asistieron como invitados veintisiete expertos en temas de desarrollo y medio ambiente.

El documento de Cocoyoc se centró en señalar la necesidad de impulsar el desarrollo para satisfacer las necesidades humanas, para lo cual redefinió el propósito del desarrollo, su diversidad, y la necesaria independencia de los países para instrumentarlo. Planteó que los países debían establecer sus propias políticas sobre el medio ambiente, sin olvidar que los recursos de la naturaleza son de toda la humanidad. Finalmente, recomendó que los países actuaran en el marco del deseado nuevo orden económico internacional y de la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados.

A su vez, el reporte de la Fundación Daj Hammarskjold dio pie para que una década después se generara una propuesta denominada “Desarrollo a escala humana: una opción para el futuro” (1986), elaborada por Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, publicada en Santiago (Chile), y teniendo como referencia la crisis latinoamericana. http://habitat.aq.upm.es/deh/

La propuesta es realmente rica conceptualmente, y hay que leerla con calma de principio a fin. En el capítulo sexto del documento titulado “Hacia un desarrollo autodependiente”, habla sobre las múltiples dependencias que los países periféricos deben superar para encontrar su propio camino, y relaciona una serie de premisas o políticas generales que orientan la concreción de la propuesta general.

Dichas dependencias por superar son amplias y de gran calado, ya que tocan ámbitos como la economía, las finanzas, la tecnología y la cultura. Una primera ejemplificación de ellas son las relativas a las pautas de consumo que el mundo rico exporta e impone al mundo en desarrollo, el control de la producción y la comercialización de los insumos y productos de las tecnologías de punta y de gran parte de la producción industrial, y el significativo crecimiento del monto de las deudas externas de países latinoamericanos.

Considera el documento que “es en razón de estas múltiples dependencias, que las mismas inhiben un desarrollo hacia la autodependencia y la satisfacción de las necesidades humanas”. Continúa señalando que “la satisfacción de necesidades tales como subsistencia, protección, participación, creación, identidad y libertad se ve inhibida por las exigencias que, de manera explícita o soterrada, los centros internacionales del poder hacen en cuestión de modelos políticos, pautas de crecimiento económico, patrones culturales, incorporación de tecnologías, opciones de consumo, relaciones de intercambio y formas de resolver los conflictos sociales”.

Es lamentable constatar que a 49 años del Reporte que la Fundación Dag Hammarskjold preparó para la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas, y a 38 años de la propuesta del Desarrollo a Escala Humana aquí referida, los diagnósticos sobre la situación de los países periféricos sean básicamente los mismos, con algunas precisiones marginales. Peor aún, en los recientes decenios de imposición neoliberal, los poderes fácticos internacionales, con sus cómplices nacionales, afinaron sus medidas de control, dependencia y sometimiento, ya no sólo sobre la población de los países en vías de desarrollo, sino también sobre la propia población de los países considerados desarrollados.

Por fortuna, estamos atestiguando cómo se debilita la hegemonía del eje anglosajón/judío, y surge la iniciativa de los BRICS+, la cual invita a construir una organización y cooperación internacional más horizontal, y estimula de nuevo los sentimientos y los ánimos de quienes creemos que “otro desarrollo es posible”.

*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

Vicente Arredondo Ramírez