María Helena González 

1. 

Hay cosas que la gente nomás no se aprende. Al Museo Regional de los Pueblos de Morelos le seguimos diciendo Museo Cuauhnáhuac, como al edificio que lo alberga le seguimos llamando Palacio de Cortés (aunque a mucha gente el personaje le caiga mal). No es simple costumbre: es memoria colectiva. Los nombres se quedan porque están ligados a la experiencia viva de las personas, a sus recorridos cotidianos, a su manera de habitar la historia. 

Por eso tiene algo de simbólico que justamente en ese lugar se presente mañana el libro Creatividades locales. Promover y proteger la diversidad cultural en el ámbito municipal, de Carlos J. Villaseñor Anaya. Más que una publicación académica, el libro propone una reflexión urgente sobre el papel que pueden y deben jugar los municipios en la defensa de la diversidad cultural. 

2. 

En un mundo cada vez más globalizado, donde los contenidos culturales circulan a velocidades inéditas y donde unas cuantas plataformas concentran buena parte de la visibilidad cultural, hablar de creatividad local puede parecer un gesto menor. Sin embargo, el libro parte de una idea sencilla y profunda: la diversidad cultural no se preserva sola. Requiere políticas públicas, instituciones sensibles y comunidades activas que reconozcan el valor de sus propias expresiones culturales. 

Recuerdo que platicaba con la curadora Carla Stellweg, sobre lo glocal. El término nombra justamente esa relación entre lo global y lo local. Lo global conecta, circula y amplía horizontes; pero lo local es donde la cultura respira, se practica y se transmite. Lo global dialoga; lo local, en cambio, “nos vive” todos los días. Esa tensión -y ese equilibrio- es una de las claves para entender la importancia de políticas culturales en el ámbito municipal, en el que, por otro lado, no es común la legislación clara para gestionar recursos financieros.  

3. 

Publicado por la UNESCO, el texto se descarga fácilmente mediante un link. Y lo primero que llama la atención es que el autor nos hace ver que la diversidad cultural no es un asunto folclórico ni un lujo simbólico. Forma parte de los derechos humanos a participar en la vida cultural. Eso implica no sólo poder acceder a los bienes culturales, sino también poder crear, expresarse y contribuir a la construcción de la cultura propia. Pensemos en el papel que juega el zapatismo en Anenecuilco, Tlaltizapán y Chinameca, en esas poblaciones la identidad comunitaria da sentido de pertenencia y genera orgullo, no es cualquier cosa.  

4

En la vida cotidiana, es en el ámbito municipal donde se encuentran los espacios culturales, las fiestas patronales, los museos, los centros comunitarios, las expresiones tradicionales y muchas de las prácticas que mantienen viva la identidad de una comunidad. Sin embargo, con frecuencia las políticas culturales municipales se limitan a administrar recintos, sin desarrollar estrategias de largo plazo que fortalezcan los ecosistemas creativos locales. 

Creatividades locales propone justamente lo contrario: pensar la cultura como parte central del desarrollo. El libro sugiere que las políticas culturales municipales deben garantizar el acceso equitativo a la cultura, fomentar la participación ciudadana, proteger la libertad artística y reconocer la diversidad de expresiones culturales que conviven en un territorio. 

5. 

Mientras escribo estas líneas, en el centro de Cuernavaca se desarrollan las manifestaciones del 8 de marzo. Algunas intervenciones han alcanzado monumentos y las letras que nombran a MORELOS en el zócalo han sido significativamente violentadas: el estado en llamas. Cuernavaca es un municipio que a manera de metonimia -la parte por el todo- grita que el estado y el país están lastimados. Más allá de las polémicas inmediatas, esto significa que las tensiones forman parte de la vida cultural local. Que la memoria y el espacio públicos -una inmaterial y el otro material- son el campo vivo donde se negocian los sentidos y los afectos. 

6. 

En un estado como Morelos, con una riqueza cultural extraordinaria pero también con enormes desafíos sociales, estas reflexiones resultan particularmente pertinentes. La cultura puede ser un espacio de encuentro, de reconstrucción del tejido social y de fortalecimiento de identidades compartidas. Pero para que eso ocurra, necesita algo más que entusiasmo: necesita políticas públicas consistentes. 

Allí nos vemos.  

helenagonzalezcultura@gmail.com 

La Jornada Morelos