

La erradicación de la violencia patriarcal contra las mujeres requiere una transformación social profunda y la participación de toda la sociedad
Ustedes – como mujeres- son amables,
son inteligentes, son importantes.
Kathryn Stockett
El 25 de noviembre de 1960, las hermanas Mirabal fueron trágicamente asesinadas por su lucha contra la injusticia del dictador dominicano Rafael Trujillo. Su legado inspiró la acción mundial, lo que llevó a la ONU, en 1993, a definir la violencia de género como cualquier acto violento que cause daño o sufrimiento a una mujer por el simple hecho de serlo. En términos técnicos la definió como “todo acto de violencia de género que tenga o pueda tener como resultado daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, incluidas las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”. En 1999, la ONU estableció el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Por su parte, las activistas por los derechos de las mujeres han observado el 25 de noviembre como un día contra la violencia de género desde 1981. Cada año, este día en particular, el mundo se tiñe de naranja para conmemorar esa fecha, misma que marca también el inicio de la campaña de 16 días de activismo, que une y moviliza a la sociedad civil internacional para abogar por la eliminación incondicional de la violencia de género. Dicha campaña finaliza el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, para destacar que la violencia contra la mujer es la violación más grave dentro de este conjunto de garantías. Se lanzó inicialmente en 1991 y desde entonces se ha convertido en una señal de alerta sobre el arduo trabajo que aún queda por hacer.

El lema para el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en 2025 es «Únete para poner fin a la violencia digital contra las mujeres y las niñas». Éste se enfoca en la creciente violencia en diferentes medios difundida por internet, destacando la importancia de la seguridad digital para lograr la igualdad de género.
Las hermanas Mirabal fueron las protagonistas en la novela La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, donde se relata su asesinato a manos del régimen de Trujillo (el «Chivo») y se utiliza como un evento clave para ilustrar la violencia de la dictadura. El libro detalla cómo el dictador se obsesionó con Minerva Mirabal después de conocerla en una fiesta y cómo su rechazo lo llevó a ordenar su emboscada y asesinato junto a sus hermanas Patria y María Teresa el 25 de noviembre de 1960. Este suceso es un punto de inflexión en la narrativa y simboliza la represión extrema del régimen, incluyendo la violencia de género. Vargas Llosa utilizó el asesinato de las Mirabal para mostrar la crueldad y el abuso de poder del régimen, especialmente en la violencia sexual y emocional ejercida sobre las mujeres. Esta narración se constituyó como un símbolo extremo de la violencia contra las mujeres.
De acuerdo con la ONU Mujeres, se calcula que, en todo el mundo, 840 millones de mujeres –casi una de cada tres– han sido víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja; de violencia sexual fuera de la pareja, o de ambas, al menos una vez en su vida (30% de las mujeres de 15 años o más). Esta cifra, que no incluye el acoso sexual, se ha mantenido prácticamente sin cambios en las dos últimas décadas. Los avances en la reducción de la violencia de pareja, a nivel global, han sido muy lentos en dicho periodo, con un descenso anual de tan sólo 0.2%. Las tasas de depresión, trastornos de ansiedad, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual y VIH son más elevadas entre las mujeres que han experimentado violencia que entre las que no la han sufrido, al igual que ocurre con muchos otros problemas de salud que pueden perdurar una vez que ha cesado la violencia. La violencia contra las mujeres y niñas constituye una emergencia mundial de derechos humanos a la que hay que poner fin, promoviendo una transformación social profunda y la participación de toda la sociedad.
*Especislista en salud pública

