

Unidos por la salud: líderes regionales impulsan la eliminación del cáncer cervical como problema de salud pública.
Eduardo C Lazcano Ponce y Alejandra J Portillo Romero*
Hace 25 años se demostró que la infección persistente por ciertos tipos del virus del papiloma humano (VPH), en especial los de alto riesgo como el VPH-16 y el VPH-18, es la causa necesaria —aunque no suficiente— del cáncer cervical. Este hallazgo abrió una nueva etapa en la medicina: la posibilidad real de prevenir y eliminar esta enfermedad como problema de salud pública, mediante vacunación, detección temprana y tratamiento oportuno. Para lograrlo se requiere una estrategia integral: altos niveles de vacunación contra el VPH (incluida la vacunación neutra en cuanto al género), pruebas de detección más sensibles y efectivas, tratamiento oportuno de lesiones precancerosas y políticas públicas que reduzcan las profundas desigualdades, como las que enfrentan las mujeres de zonas rurales y con bajo nivel educativo, que tienen un riesgo desproporcionado.
América Latina y el Caribe es una de las regiones con mayor carga de enfermedad. Para acelerar su eliminación, resulta esencial compartir experiencias y aprendizajes entre países. Con este propósito se realizó el foro regional “Prevención y control del cáncer cervical en Latinoamérica: hacia una detección integral a escala regional”, un espacio de encuentro entre investigadores y responsables de políticas públicas de la región, desarrollado en la sede del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), en Cuernavaca, Morelos.
En el foro se presentó evidencia científica, experiencias y también los desafíos que enfrenta cada país de la región para avanzar hacia el cumplimiento de las metas 90-70-90 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para 2030: vacunar al 90% de niñas contra el VPH antes de los 15 años, garantizar que 70% de mujeres accedan al tamizaje con pruebas efectivas al menos dos veces en su vida y asegurar tratamiento al 90% de los casos detectados.
Pero alcanzar esta meta no es tan simple. Muchos países de ingresos bajos y medios, incluido México, enfrentan grandes desafíos: programas de prevención sin registros poblacionales que permitan un seguimiento adecuado, falta de financiamiento sostenido, problemas en el suministro y distribución de vacunas, desinformación, barreras culturales como el estigma, además de la escasa inclusión de los hombres en las estrategias de prevención.

Para superar estos retos, los países en desarrollo necesitan ampliar sus programas de vacunación y detección del VPH con métodos efectivos. En México, un paso decisivo ha sido que a partir de este año la vacunación contra el VPH también incluye a los niños, lo que refuerza la protección de toda la población.
Entre las innovaciones más prometedoras se encuentra la autotoma vaginal, una prueba sencilla que permite a las mujeres obtener por sí mismas una muestra para detectar el VPH de alto riesgo, fortaleciendo su autonomía, el autocuidado y el acceso a la prevención. También resulta clave aprovechar tecnologías como la inteligencia artificial para mejorar el diagnóstico. Además, avanzar hacia un modelo sólido de atención primaria, garantizar la prevención para todas y todos, fortalecer la confianza con la participación comunitaria y asegurar tanto el tratamiento oportuno como los cuidados paliativos son pasos cruciales para lograr el éxito.
El INSP es un referente global en este tema. En México, fue pionero en la promoción de los esquemas alternativos de vacunación contra el VPH (pasando de tres a una sola dosis), recomendación que más tarde adoptó la OMS. El INSP también realizó el primer ensayo clínico poblacional para evaluar la utilidad de la autotoma vaginal en la detección de tipos de VPH de alto riesgo y demostró que esta estrategia identifica dos veces más casos de neoplasia cervical que las pruebas de detección tradicionales (citología cervical). También el INSP ha realizado estudios con pruebas de VPH en más de 250,000 mil mujeres mexicanas, lo que permitió que el país incorporara esta prueba de VPH en el programa nacional de prevención y control como método primario de detección. La evaluación externa de este estudio, con más de 8 millones de pruebas realizadas en los últimos 15 años, confirmó la superioridad de las pruebas de VPH frente a la citología cervical tradicional. Además, los investigadores del INSP han aportado evidencia científica que ha mostrado que cuando la prueba de VPH resulta negativa, el riesgo de desarrollar cáncer cervical en los años siguientes es bajo, lo que permite espaciar los tamizajes subsecuentes sin comprometer la seguridad de las mujeres.
Las estrategias clave para el futuro de la eliminación del cáncer cervical como problema de salud pública, incluyen las vacunas de dosis única y las pruebas de autotoma que permitan ampliar el acceso y la cobertura, especialmente en comunidades con menos recursos. Para lograrlo, será fundamental fortalecer el sistema de salud, un alto compromiso político sostenido, garantizar la atención en condiciones de equidad y fomentar alianzas que permitan superar obstáculos como la falta de infraestructura, escasez de personal capacitado y las prioridades sanitarias contrapuestas. Con estos esfuerzos, es posible que el cáncer cervical deje de ser un problema de salud pública en este siglo.
* Especialistas en salud pública


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