

Los contenidos de esta disciplina no son aquello que todo mundo cree suponer. Es decir, cuando se habla de comportamiento ético o de que alguien actúa sin la menor ética se da por sentado que comprendemos en todas sus dimensiones esto que se afirma. Confundimos la Ética con la Moral y nos referimos a ambas indistintamente.
Podríamos elaborar algunos cuestionamientos. ¿En qué medida me compromete el hecho de haber accedido a este puesto público? ¿Sólo para mi currículum? ¿Para obtener mejoría económica? ¿Puedo obtener reflexiones que me orillen a comprometerme más en mi labor política? ¿Con respecto a la sociedad, tengo algo que decir? Este caos actual donde mueren los pobres, donde los trabajadores son despedidos, donde los niños son asesinados, ¿nos dice algo? ¿Nos hace sentir, al menos, responsables?
Así, podríamos revisar, corregir, criticar, enriquecer, evaluar el contenido de esta disciplina. En consecuencia, aprovechemos la oportunidad de reflexionar acerca del compromiso social, cultural, humano, político, ético pues. La oportunidad de examinar nuestro trabajo cotidiano y de recuperar el sentido prístino de la vocación política debatiendo temas relevantes concretos, enterándonos de lo que sigue ocurriendo en este mundo que parece que se nos deshace entre las manos.
Reflexionar concienzudamente acerca de temas densos y espinosos. No podemos quedarnos al margen. Escondernos, emboscarnos, fingir que no sabemos. No enterarnos del sufrimiento ajeno, cerrar los ojos y los oídos a esta realidad angustiosa no nos humaniza, es más, nos aleja del compromiso por la vida, del compromiso por el otro, por el prójimo. Arriesguemos un testimonio, una postura en nuestro compromiso personal, en nuestra posición ante el mundo, el hombre, los fenómenos…
Pensar en el otro, saber que hay alguien que pide mi reconocimiento, que exige con su presencia mi atención, mi comprensión y que, a la vez, en ese trato fortalece el reconocimiento de mi persona, de mi propio Yo. Ese otro que es un Tú fortalece mi Yo. Un Yo que se reconoce sólo a través de un Tú para formar finalmente un Nosotros. Una nueva comunidad, una nueva experiencia existencial basada en esa fuerza personal que llamamos amor.
La responsabilidad social es un componente ontológico antes que accidental.

Como disciplina eminentemente filosófica la Ética considera problemas de fondo, principios y valores que orientan a personas y sociedades. Su importancia es tal que no puede ser ignorada. La Política, como profesión y como vocación no puede estar ausente del compromiso ético. Su sola mención implica una intrínseca relación en tanto que sus objetivos se fundamentan en el servicio a los otros –sobre todo- a los más necesitados.
Es necesario aceptar, afirma Enrique Dussel (2006), que la Ética tiene principios normativos universales, pero no tiene un campo práctico propio ya que ningún acto puede ser puramente ético. Siempre se juega en algún campo práctico concreto: económico, político, pedagógico, familiar, cultural. Y la obligación ética se ejerce de manera distinta en cada uno. La Economía, por ejemplo, que habla de la distribución de los bienes con equidad –lo cual la emparenta con la Política- tiene desde sus objetivos y cuestionamientos principales una orientación ética. En ambos casos se trata de resolver necesidades, sobre todo de los grupos sociales más vulnerables, de los marginados, de los desposeídos.
Tiene que ver también con toda clase de cuidado y responsabilidad frente a la sociedad, a la naturaleza y al ser humano en cuanto tal. Con la edificación de una sociedad compartida, fraternal, justa, es decir, con la repartición equitativa de los bienes. De ahí que el compromiso ético sea por la vida, comunitario, planetario entendido como el cuidado por el hogar común de todos los habitantes.
Moral se deriva de Mos, moris que significa costumbre. En ese sentido forma parte de la vida concreta, expresa hábitos, formas de vida aceptadas, valores, formalismos, convencionalismos sociales incluso, formas de organizarse. Se refiere pues al conjunto de códigos, conductas y costumbres de individuos o grupos. Reglas y normas que el hombre acepta de manera consciente y libre que le ayudan a regular su conducta y la de los otros. La Moral así, es un sistema constituido por reglas, normas y deberes que funciona como una exigencia a quien vive en una sociedad y que debe cumplir para realizarse como humano.
“Ethos” para los griegos es la morada, en ella hay que organizar el espacio físico y el espacio humano que implica las relaciones de los moradores entre sí y con sus vecinos, relaciones que bien podrían ser armoniosas y cooperativas o tensas y competitivas basadas en criterios y principios a fin de edificar esa casa, esa morada. Deberíamos entender esto como el carácter ético de las personas.
Seguiremos… claro.

