Adalberto Ríos Szalay un poeta de la luz

 

Poco después de crear los cielos y la tierra dijo Dios: Sea la luz y la luz se hizo. Y vio Dios que la luz era buena; y separó la luz de las tinieblas. De esta forma la luz fue creada, según el mito bíblico. Aunque la perezosa luz primigenia tardará todavía millones de años para separarse de la materia y adquirir su enigmática doble naturaleza, en ocasiones de partícula y en otras como una onda. Para establecer con ello, una identidad propia, según la cosmogonía en uso. Para este fin, el supremo Creador fue muy meticuloso en su tarea a lo largo de la primera semana laboral y por consecuencia, de la invención del fin de semana o weekend. Seguro que el buen Señor estaría muy cansado tras la magna labor de haberlo creado todo. Quizá necesitaba con urgencia un lugar adecuado para descansar de su fatigosa tarea. Sabemos por “Una divagación de otoño” de Alfonso Reyes, que el Señor todopoderoso, decidió pasar su primer fin de semana de descanso en Cuernavaca. Que desde entonces es conocida como la ciudad de la “Eterna primavera”. Humboldt sólo recoge la ya vieja tradición de origen divino.

Con esta alegoría en mente me presenté al inicio del año 2000 con Adalberto Ríos Szalay, en esa especie de mini torre panorámica, donde se localizaba su oficina a la que se llegaba por una empinada y desproporcionada escalera. Sus ventanas estaban resguardadas por añosas jacarandas y tulipanes africanos que suplían las cortinas. La oficina del director del Instituto de Cultura de Morelos se encontraba inmersa en la arboleda del Jardín Borda.

Me presenté con él para proponerle llevar a cabo un ciclo de conferencias titulado: Homero en Cuernavaca, como un homenaje a la presencia creadora de Alfonso Reyes en nuestra ciudad capital. Mi propósito era difundir mi proyecto de la Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca. La idea le gustó tanto, que después de leer la lista de invitados, pusimos manos a la obra ipso facto para iniciar actividades el viernes 7 de abril del año 2000 con la conferencia: “Recuerdos de don Alfonso”[1] impartida por el exembajador de México ante la UNESCO, ex director del Fondo de Cultura Económica y en ese entonces director vitalicio de la Academia Mexicana de la Lengua, don José Luis Martínez que fue el deslumbrante primer acto de un ciclo memorable. El viernes 28 tocó el turno a Ramón Xirau con: “Un apunte sobre Alfonso Reyes”. El viernes 5 de mayo Adolfo Castañón compartió un adelanto de lo que hoy es su “México en la obra de Alfonso Reyes.” El viernes 12: “Alfonso Reyes y la universidad” por el insigne universitario Henrique González Casanova. Viernes 19 “Alfonso Reyes, grata compañía” impartida por Emmanuel Carballo y el viernes 26 fue Elena Poniatowska quien nos deleitó con: “Un abrazo para Alfonso Reyes” que hoy todavía podemos disfrutar[2]. El viernes 2 de junio tocó el turno a Héctor Perea con: “Alfonso Reyes y las artes.” El 9 de junio, Vicente Quirarte conmovió a los asistentes con su elocuente “La lucha con la poesía o el violín de Ingres”. Otro tanto sucedió el viernes 16 con la emotiva conferencia de Alicia Reyes, nieta de don Alfonso y guardiana de la Capilla Alfonsina, que ella dirigió desde el que fuera escritorio de su ilustre abuelo. Finalmente el viernes 23 cerramos el ciclo con un recital del poemario: Homero en Cuernavaca en voz de la primera actriz Manola Saavedra y de Braulio Hornedo. El ciclo resultó de un éxito sin precedentes.

Terminaré diciendo que Adalberto Ríos Szalay fue ante todo un singular poeta de la luz. Su esmerada educación visual, fue resultado en parte de fatigar sus pies con sus frecuentes viajes. Aunque nunca dejó descansar a sus ojos, en su afán por viajar, caminar, ver y documentarlo todo: el paisaje natural y el construido; la vestimenta y la comida; los decires y los haceres de los pueblos de Morelos, de México y del mundo. Por otra parte se fue forjando en su vasta experiencia un gusto estético refinado y único, basado en una mirada intercultural que lo llevó de forma natural a convertirse en un creador de imágenes sorprendentes. Fue Adalberto además un morelense de cepa, orgulloso de sus orígenes y apasionado promotor de sus culturas y creadores. Como un cantor que cantaba las personas y contaba los paisajes. Un generoso y lúcido poeta de la luz.

En efecto, sabemos que por encima de las diferencias que separan a una sonata de un soneto, a una pintura de una escultura, o a un edificio de una fotografía del mismo, es que todos ellos comparten un elemento en común y es el existir en el mismo plano de la creación humana. “Una tela, una escultura, una danza son, a su manera, poemas. Y esa manera no es muy distinta a la del poema hecho de palabras. La diversidad de las artes no impide su unidad. Más bien la subraya.” Nos enseñó Octavio Paz tensando el arco y tañendo la sonora lira.

Las imágenes de Adalberto Ríos Szalay nos acompañan como testimonio de su paso por la vida y como referente de su aporte a la cultura y las artes. Confirmando el llamado de Alfonso Reyes quien nos recordaba que la mejor manera de ser provechosamente nacionales consiste en ser ¡generosamente universales!

*braulineas@gmail.com

  1. En YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=RD_R5xLI2Ss&t=1719s

  2. En YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=4dOqrzAaGjs&t=679s

Braulio Hornedo Rocha