La UAEM bajo fuego amigo y femenino

La situación actual de la UAEM provocada por los recientes feminicidios no puede entenderse únicamente como una reacción ante la violencia de género. Es la manifestación de un fenómeno más hondo: la UAEM es un espacio donde confluyen movimientos sociales y disputas partidistas y sindicales por el control institucional. El movimiento que hoy exige la renuncia de la rectora Viridiana León forma parte de una historia en la que las universidades han sido campo de confrontación entre grupos políticos antagónicos.  

Los feminicidios detonaron legítima indignación, pero también han activado alianzas de turbios intereses. Desde su creación en 1953, y la obtención de la autonomía en 1967, la UAEM ha sido uno de los centros del debate político en el estado de Morelos. Como muchas universidades, la institución fue escenario de movimientos estudiantiles, sindicales y corrientes ideológicas que disputaron el sentido de la educación superior. 

La tradición crítica se vinculó con proyectos que entendían la universidad como un actor político regional. Durante décadas, profesores y estudiantes participaron activamente en debates sobre democracia, movimientos campesinos, derechos humanos y autonomía universitaria. Esta tradición hizo de la UAEM un actor incómodo para los gobiernos estatales, que han buscado influir en su gobernanza. 

La UAEM ha sido históricamente resultado de frágiles equilibrios entre: 

  1. La rectoría, que encarna el poder institucional. 
  1. Los sindicatos universitarios, que dicen representar a trabajadores académicos y administrativos. 
  1. Los jóvenes agrupados en una mafiosa federación de estudiantes trepadores. 

A estos actores se suman dos poderes decisivos: los gobiernos estatales y los partidos políticos, que influyen a través del financiamiento en la designación de autoridades. 

En la historia reciente, la figura de Alejandro Vera simbolizó una rectoría confrontada con el poder estatal que derivó en la crisis financiera actual de la UAEM por las aspiraciones políticas e ineficiencia administrativa del exrector Vera. 

La elección de Viridiana León como la primera mujer rectora es un cambio sustantivo en la institución. Su llegada es interpretada por algunos como un intento de estabilizar la universidad después de años de conflicto político y financiero. 

Pero su rectoría heredó severos problemas estructurales: 

  • Crisis financiera derivada de la corrupción. 
  • Tensiones sindicales por salarios y prestaciones. 
  • Disputas entre grupos políticos externos. 
  • La llegada de movimientos feministas universitarios. 
  • La gestión de la rectora León se ha movido en ese terreno complejo. 

Los feminicidios recientes —que han sacudido profundamente a la comunidad universitaria— provocaron un estallido de protestas dentro y fuera del campus. Para las mujeres universitarias, el problema no es sólo criminal sino institucional: consideran que la universidad debe garantizar condiciones seguras para la comunidad, así como políticas eficaces contra la violencia de género. Las movilizaciones por tanto, deben tener un carácter moral, político y sobre todo pacífico. No se limitan a exigir justicia; también reclaman transformaciones estructurales en el gobierno universitario. En ese contexto surgió la demanda más radical: la renuncia de la rectora. 

Aunque la protesta tiene una base social legítima, también han abierto la puerta a actores políticos que buscan capitalizar la crisis. 

1. Grupos universitarios opositores 

En la UAEM existen intereses políticos que compiten por la influencia institucional. Para estos sectores, la crisis representa una oportunidad para cuestionar la legitimidad de la rectora, y plantarse de cara a futuras sucesiones. La demanda de renuncia funciona así como una herramienta de presión en la lucha por el control del gobierno universitario. 

2. Sindicatos y mafias estudiantiles 

Los sindicatos  y la FEUM han mantenido una relación ambigua con las rectorías: cooperación si existen acuerdos y confrontación cuando surgen conflictos de intereses. En momentos de crisis, todos estos actores pueden desempeñar un papel decisivo en la estabilidad política de la institución. 

3. Partidos y gobierno estatal 

La universidad pública es un espacio de falso prestigio intelectual, pero su control político tiene valor estratégico para los partidos y los grupos de poder locales. 

La tragedia de los feminicidios se convierte en un punto de convergencia donde interactúan: 

  • La indignación social legítima. 
  • Movimientos feministas confusos y confundidos. 
  • Disputas por el poder institucional. 
  • Intereses políticos externos. 

La universidad, como espacio público, amplifica estas tensiones. La pregunta que enfrenta hoy la comunidad universitaria no es únicamente si debe renunciar la rectora. La cuestión de fondo es qué tipo de institución es la UAEM ante la sociedad: 

  • Una universidad que responda a las presiones políticas mediante un cambio de rectora. 
  • O bien, una comunidad capaz de gobernarse a sí misma. 

Las universidades han sido experimentos de democracia y renovación social. La crisis actual en la UAEM confirma que siguen siéndolo. Pero también señala una verdad incómoda: en las universidades, como en la política nacional, las tragedias sociales no permanecen al margen de las luchas por el poder.

Foto: La Jornada.

 

Braulio Hornedo Rocha