

La película El portero (1950) fue realizada cuando Cantinflas (DF, 12 de agosto de 1911- 20 de abril de 1993) estaba en su etapa más creativa. Nos cuenta la historia de un hombre que, además de cuidar la entrada de su vecindad en la Ciudad de México, cursa el segundo año de primaria y «le entra macizo a la escrebidera» sin ningún pudor ortográfico, pues redacta cartas para vecinos y vecinas, comerciantes o aspirantes a diputados, lo cual le ocasiona tantas alegrías como tristezas. Casi al inicio, pregunta Cantinflas a una posible clienta: «¿Le parece a usted decente clavarse un tostón del dinero que le confía la patrona?» Responde la mujer medio afligida: «No, ¿pero qué quiere que haga?». El primero responde: «¡Pues clávese un peso, porque yo ya subí mi tarifa!
En este filme, lleno de inesperados giros lingüísticos, escuchamos hablar de «juegos artificiosos» en vez de «juegos artificiales», descubrimos que una «autosia» en lugar de «autopsia» es el accidente que tuvo un auto, mientras que el «botánico» es el que hace las botanas y el «presente del indicativo» se convierte en el «presente del indigestivo» en esa «gramática esdrújula» donde se incluye «el pleonasmo del gerundio de la sintasis» (sic). O todo eso que da lugar a lo que el diccionario de la Academia Española define como propio de lo cantinflesco: «hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia». Sin embargo, la mayor parte de este largometraje es sustancioso.
En el mismo año de Los olvidados de Buñuel, tenemos otra película que retrata la pobreza de manera absolutamente distinta. En El portero hay un héroe resiliente y optimista con el que reímos, mientras que en la primera domina la crudeza y la desesperanza. A Los olvidados habrá que dedicar otro espacio, pero se trata de dos registros artísticos que ilustran el sexenio de Miguel Alemán; la denuncia no es tan incisiva en El portero, pero no carece de un par de señalamientos a la burocracia, la injusticia o la desigualdad económica.
No obstante, en esa vecindad donde hay carencias y abundan los chismes, también encontramos gente solidaria, a semejanza de otros filmes del período. Es cierto, se desliza, por momentos, la edulcoración o afectación del melodrama, detalles por los cuales Cantinflas irá perdiendo eficacia con el andar de las décadas, pero aquí, todavía, está él por entero: canta en el Tenampa, baila, juega el balero, monta a caballo, arregla pleitos, todo de manera divertida. No falta el doble sentido sexual –acaso una de las penitencias posteriores del cómico– y que también funciona; pero no todo lo que escuchamos sigue siendo válido en nuestros días, sobre todo en cuestiones relacionadas con el género; mas, ubicándonos en el tiempo y en el espacio en el que fue concebido, son más las virtudes del filme.
Junto al famoso actor, Silvia Pinal (Rosita en la película) –quien en breve cumplirá su primer aniversario luctuoso–, es el contrapeso ideal; es la atractiva mujer de la cual se enamora el portero. Para dolor de Cantinflas (y quizá del espectador), no todo lo que espera se cumple, pero sí, todo lo que hace, es benéfico. Estamos ante un cine con sentido social que debe mucho a Chaplin, precursor del cómico mexicano –véase, por ejemplo, City Lights (1931)–. De igual manera, la labor de Cantinflas en esta época tendrá repercusión en la historia latinoamericana cómica-audiovisual del siglo XX.
A tres generaciones de distancia, también sorprende la lista de coloquialismos o mexicanismos que registra la película y que aún pueden escucharse en nuestras calles: «retachar» por «regresar», «gacho», «maje», «guaje», «guateque», «chiveado», «chilpayate», «valedor», «póngase abusado…» Y también la misma música sigue sonando y la misma comida se sigue comiendo, pese a tantas transformaciones. El cine es memoria colectiva y viendo al Cantinflas de estos años, no solamente miramos un fragmento de nuestra historia social y cultural, sino a varios de nosotros mismos o de nuestros familiares o amigos aprendiendo a ser chistosos (o a tomar la realidad con humor), es decir, aprendiendo a vivir.

*Doctor en literatura comparada

Fotograma de la película El Portero. watch.plex.tv

