

(Segunda parte y final)
En la entrega anterior explique parte de la vida de Bernardino Álvarez, sus peripecias y desencuentros con la ley, a su regreso a la Nueva España y luego de recibir la carta de su madre donde le sugería invertir su fortuna en ayudar al prójimo, causó un efecto importante en su vida. Álvarez comenzó a laborar en los hospitales construidos en la Ciudad de México, ahí se dio cuenta del circulo vicioso que existía en estas instituciones.
Antes de hablar de ello hay que entender que la función de los hospitales como la entendemos hoy en día, que son centros especializados para atender y recuperar la salud. En la Nueva España se mantenía el sentido medieval de la hospitalidad, sitios de descanso y en caso de enfermedad solo la atención o bien un sitio para encontrar una muerte pacífica. El circulo vicioso del que se percató Bernardino Álvarez en los hospitales en los que prestó servicios era la falta de una zona para la convalecencia ya que si bien se atendían los males, cuando las personas presentaban ligeras mejorías eran devueltos a las calles para poder utilizar las camas para nuevos enfermos. Al no contar con la atención, las enfermedades volvían y tenían que volver a ingresar a los hospitales.
Consciente de ello y producto de su fortuna, además de contar con el apoyo de amigos, Bernardino Álvarez comenzó las gestiones con la administración virreinal para comparar un terreno y fundar una casa para los convalecientes que eran echados de los hospitales. Las relaciones políticas son realmente fascinantes ya que tuvo el favor del virrey así como del arzobispo de México, en poco tiempo el terreno comprado por Álvarez fue intercambiado a uno más cercano al centro de la Ciudad de México en donde finalmente comenzó la construcción de la casa de reposo el 13 de agosto de 1567, por la fecha en que esta inició, esta fue advocada a San Hipólito Mártir.
Tan solo un año después de iniciar la construcción de la casa de San Hipólito, que posteriormente se convertiría en hospital, –hoy ubicado en contra esquina de la Alameda Central– Álvarez comisionó a Domingo de Ibarra para iniciar las gestiones con los caciques de Oaxtepec y explicarles la necesidad de construir una casa de reposo en sus tierras para los enfermos graves e incurables. La cesión del terreno tardaría varias décadas en realizarse pero la construcción del segundo hospital de Bernardino Álvarez comenzó en 1568. Los naturales de Oaxtepec firmaron el acta solo hasta 1596. A la par de esta en tierras cercanas a Oaxtepec, el antiguo conquistador y criminal, como atestigua su biógrafo, inició una tercera construcción solo un año después de comenzar en Oaxtepec, esta vez no en el sentido hospitalario sino con una motivación netamente económica para sustentar los hospitales.
Así en 1569 el trapiche de La Concepción –hoy conocido como El Hospital– sirvió como sustento económico para los hospitales, participando del próspero negocio del azúcar. Hacia finales del siglo XVI, Bernardino Álvarez contaba con el apoyo de las altas esferas político-religiosas del virreinato de la Nueva España, el de sus antiguos compañeros de juventud, además de la ayuda que algunos religiosos del clero secular, se sentaron las bases y se dieron los primeros pasos para la creación de una congregación única en su tipo en toda América. Aunque se debe aclarar que el objetivo de Bernardino Álvarez nunca fue fundar una congregación u orden religiosa. Los Hermanos de la Caridad fue la primera congregación en dedicarse exclusivamente a la hospitalidad, aliviando la carga que venían desempeñando desde hacía décadas las órdenes religiosas mendicantes, principalmente los franciscanos en la atención hospitalaria.

Bernardino Álvarez murió el 13 de agosto de 1584 a los setenta años de edad, dejando tras de sí, una congregación con estructura bien organizada, la cual en pocas décadas pasaría a convertirse en la principal institución hospitalaria de la Nueva España y pasado poco más de un siglo después de su muerte lograría ser elevada al estatus de orden religiosa de carácter hospitalario, monopolizando buena parte de este rubro en el virreinato, incluso pese a la llegada de nuevos hospitalarios al virreinato y de los cuales hablaremos más adelante.
La asistencia de personajes notables a las exequias de Bernardino Álvarez, nos hablan de la importancia del personaje, la fortuna acumulada en su juventud le permitió un rápido ascenso en la compleja estructura social novohispana, además de las relaciones de parentesco con figuras que llegarían ser piezas claves del virreinato. El día de San Hipólito de 1584 se llevó a cabo el entierro, al sitio asistieron miembros de la Real Audiencia, el arzobispo de México Pedro Moya de Contreras, que a la sazón era el Visitador General de la Nueva España (y luego fue virrey), concurrió el Cabildo Eclesiástico. Además de estos encumbrados personajes que representaban las más altas autoridades civiles y eclesiásticas de Nueva España, concurrieron miembros de otros cuerpos asentados en la ciudad de México. Un tiempo después se iniciaron las gestiones para canonizar al personaje, sin embargo, la decadencia de los hipólitos impidió llegar a buen término la beatificación, alcanzando únicamente la condición de siervo de Dios, misma que se mantiene hasta nuestros días.

Imagen cortesía del autor
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* Historiador ↑

