El libro más allá del libro

 

El pasado 24 de agosto hubiera sido el cumpleaños de Jorge Luis Borges, y fue muy grato recordar cómo es que él hablaba del libro: decía que era una cosa entre las cosas, y que la lectura es una de las formas de la felicidad. Esta idea de Borges, de que el libro es una cosa entre las cosas, y una extensión de la memoria y de la imaginación, me gusta mucho, porque si hay algo que busco en los libros, es precisamente esa experiencia que va más allá del libro.

Un buen ejemplo es “Retratos de Jazz”, de Haruki Murakami y Makoto Wada. Es un libro que he tomado más como una guía, como el tablero de un juego, como un calendario que voy tachando cada día. El libro es una compilación de músicos de Jazz, que tanto a Wada como a Murakami les gustan. Cada “capítulo” habla sobre un músico distinto, y viene acompañado de un retrato en pintura. No es un libro que pueda leerse como una novela, un libro de cuentos o un poemario. Es más como un diccionario, una enciclopedia. Pero a mí me gusta, porque lo he tomado como una guía diaria para conocer a un músico nuevo cada día.

Esta extensión del libro más allá del libro me gusta. A veces, un libro me gusta más por eso: por el halo que lo rodea, a veces como experiencia personal —como cuando una persona amada te recomienda o presta un libro, y la experiencia que va más allá del libro se relaciona con la experiencia y el amor que sientes hacia esa persona, lo que lo convierte en un libro entrañable—, a veces por artificios de los autores, o de los estudiosos de los autores.

Tal es el caso de Frankenstein, de Mary Shelley. Indudablemente es una obra maestra de la literatura clásica, pero confieso que mi gusto por él comenzó impulsado por la próxima película de Guillermo del Toro, quien ha dicho en entrevistas que es uno de sus libros favoritos, y que siempre había querido adaptarlo al cine. Así que, si el padre de los Monstruos iba a hacer una adaptación del clásico gótico, tenía que leerlo.

Pero, además, quizá por el hipe de la noticia de Del Toro muchos creadores de contenido empezaron a hablar del libro, y así supe que su creación literaria estuvo rodeada de un halo misterioso e imposible: crímenes pasionales, desastres naturales imposibles —la erupción de Tambora y el año sin verano—, vino y láudano, competencias literarias, el aura científica de Franklin y Edison, y el coincidente embarazo de Mary Shelley mientras escribía Frankenstein, sólo por mencionar algunas piezas.

Me apasionó tanto la historia y el contexto que rodea la creación del libro, que pronto me vi consumiendo podcast, videos, artículos periodísticos, y demás textos, sólo para enaltecer la ya de por sí riquísima historia de Frankenstein. Me fascinaba imaginar cómo las pesadillas de opio que Shelley tuvo la llevaban a recordar las novedades científicas que hacían que las ancas de una rana muerta se movieran a causa de la electricidad. O cómo su embarazo retrata, en parte, la forma en que concebía la maternidad en su novela.

Libros como estos: las cosas entre las cosas, que te obliguen a ir más allá del libro, es lo que deseo para mí como lector.

*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

Luis Marín