Mariana Casas Rodríguez y José Manuel Meneses

El ballet es una de las expresiones artísticas más importantes de occidente, es también el punto de llegada de un instinto humano que reproduce el movimiento de la naturaleza y que vibra desde lo más profundo de los cuerpos. A decir de la tradición mesoamericana, el baile era, en este sentido, un espejo del universo (ce tezcal tocemanahuac), es decir, una especie de reencuentro en el que los danzantes se reintegran a ese flujo universal que es vehículo de la vida.

En este contexto, hablaremos del Portafolio de 28 delicadas tallas en madera que amablemente ha compartido con nosotros el maestro Miguel Ángel Izquierdo Sánchez, el documento en cuestión lleva el título de “Danzarinas y danzantes. Fotografías de tallas en madera”, para una mayor referencia el lector puede encontrar este recurso fácilmente en la red, tecleando el nombre del maestro en cualquier buscador. Hablar de Miguel Ángel Izquierdo es referir a uno de los más destacados representantes del arte morelense, además de ser escritor, artista, gestor y articulista, Izquierdo es un fundador de instituciones, un innovador y un apasionado de las artes. El portafolio en cuestión es solamente una muestra de un amplio trabajo escultórico que puede rastrearse a través de otras publicaciones, como el texto Por donde paso, ¡ellas danzan! (Aristario, 2020).

Efectivamente, cada una de las figuras talladas por el maestro Izquierdo refiere la estrecha relación entre el cuerpo humano, la expresión artística y la naturaleza. Se trata de un intento por resaltar ese vínculo y la tensión que las formas de la madera establecen naturalmente, incluso puede hablarse de una búsqueda del movimiento en lo fijo, una voluntad heraclítea que pretende atrapar el flujo de la vida bajo la fuerza del dictum Panta rei; así como una manifestación del experimentado ojo del artista cuando reconoce el gesto de lo humano en las caprichosas formas que la naturaleza va dejando, para pulirlas con su mano, echando afuera lo que ya estaba dentro de las ramas, en este caso, en los despojos de árboles y arbustos.

Para dar cuenta de la maestría que las caracteriza comentaremos cuatro de estas tallas, nuestro comentario se suma a lo dicho en otro momento por destacadas especialistas, como la maestra Eréndira Meléndez Torres o la bailarina Malinale Solis. En este sentido, las tallas nos demuestran, no solo la maestría de su técnica, sino el rostro de lo humano a través de la tensión en la convergencia de las curvas y las rectas de una vara, como ocurre en la imagen de la página 16, donde se presenta una cuarta de brazos, cabe resaltar que la curvatura de la espalda es tan humana que adivinamos el gesto del bailarín experto, a pesar de que ninguna de estas tallas tiene rostro. Por su parte, la imagen de la página 10 reproduce un gran écart, marcando muy bien los ángulos que describirían los brazos y las piernas de una bailarina. Luego, pasamos a la imagen de la página 12 que representa una attitude derrière, ahí la ramita describe la posición en puntas, quizá la más icónica del ballet clásico, símbolo del dominio y el control del cuerpo. Finalmente, la imagen de la página 15 nos describe una developpé a là seconde, quizá el conjunto más logrado de todos, debido a la posición de la pierna, simulando una hiperextensión, recurso particularmente valioso entre los bailarines, en tanto su brazo semeja una quinta posición.

Desde luego que este portafolio de tallas puede ser complementado con la magnífica entrevista realizada por Malinale Solis, en su programa La danza de la vida, donde la bailarina profesional afirma que “los pies cantan cuando bailan” debido a las complejidades de la relación que, a lo largo de entrenamientos y presentaciones, se establecen entre los pies y la madera de las duelas, ya sea bajo la complicidad que puede existir entre las cicatrices y el soporte, o entre la plataforma y los cuerpos que, a través de la disciplina y la dedicación, se transforman en una versión más acabada de sí mismos.

De esta manera, el maestro Izquierdo demuestra que, incluso, a través de una ramita torcida el arte habla. Bajo el ojo experimentado del artista, la dureza de una vara se transforma en arte y cuerpo en movimiento. El arte interviene para mostrarnos el nexo que nos une con la tierra, con los árboles y con la naturaleza que se abre paso entre los despojos de las bugambilias, copales, cedros, robles, setos, pinos, entre otros. En su arte, la fuerza de lo humano se asoma de inmediato, como una invitación a disfrutar del gran baile de la naturaleza y la incontestable perfección de lo imperfecto.

A resaltar parte del último párrafo: “…el maestro Izquierdo demuestra que, incluso, a través de una ramita torcida el arte habla. Bajo el ojo experimentado del artista, la dureza de una vara se transforma en arte y cuerpo en movimiento. El arte interviene para mostrarnos el nexo que nos une con la tierra, con los árboles y con la naturaleza que se abre paso entre los despojos de las bugambilias, copales, cedros, robles, setos, pinos, entre otros.”

Imágenes:

Miguel Ángel Izquierdo, Danzarinas y danzantes. Fotografías de tallas en madera, 2022, pág. 16.

La Jornada Morelos