

El exhorto del Obispo de Cuernavaca y presidente de la CEM, Ramón Castro y Castro a las autoridades del Centro-INAH Morelos, expresado en su homilía del pasado domingo y en el sentido de solicitar que dicha autoridad federal libere las autorizaciones pertinentes para que se puedan concluir los trabajos de restauración en la sede diocesana, nos remiten a la grave responsabilidad que atañe a todos los involucrados en la preservación de un rico legado. Mismo que es patrimonio de la humanidad conforme a lo inscrito por la UNESCO en su lista mundial. Este compromiso, entonces atañe a diversos actores: al clero como custodio, al INAH como autoridad normativa, a las autoridades municipales y estatales preservando la integridad del monumento e incluso a la Secretaría de Turismo local promoviendo la oferta de turismo cultural que representa este tesoro de arte sacro, todo lo anterior no es sólo privativo de la Catedral de Cuernavaca, sino del cordón de conventos en las faldas de los volcanes, que también forman parte de la mencionada lista de la UNESCO, así como de otros monumentos repartidos a lo largo y ancho de la geografía morelense.
El Centro INAH-Morelos no debe escudarse en la rigurosa aplicación de la legislación en la materia, para entorpecer o retardar las obras de restauración correspondientes. Al obstaculizar el trabajo de contratistas o expertos que no gocen del favor de los funcionarios de dicha dependencia federal en Morelos, a quien más afectan a final de cuentas, es al propio patrimonio, pero también a las comunidades que necesitan apremiantemente recuperar sus espacios de culto y comunitarios. Particularmente aquellas localidades, que sufrieron daños en sus templos, conventos y edificios históricos a partir de los devastadores sismos de 2017. El Obispo de Cuernavaca es un prelado conocido por su talante prudente y conciliador y si el Presidente de la CEM padece el flagelo del burocratismo de las autoridades competentes, que podrán esperar entonces los simples mortales, que deben diligenciar un trámite o una autorización ante el Centro INAH-Morelos.
Una experimentada empresa restauradora, conocida por la calidad de su trabajo, probidad, seriedad y sólida trayectoria, ha cumplido en tiempo y forma con todos los requisitos para poder realizar intervenciones en la histórica capilla de Guadalupe en Jojutla, trabajos que serán financiados por entidades privadas, sin ningún ánimo de lucro y sin cargo al erario. Lo anterior en virtud de que la restauración llevada a cabo por el INAH en dicha capilla no estuvo bien hecha y debe ser corregida cuanto antes. La empresa aludida ingresó toda la documentación en regla en enero del 2024, para solicitar la licencia pertinente. Hoy, un año y diez meses después, no ha recibido respuesta a su petición. Lo anterior no solo vulnera el más elemental Derecho de Petición consagrado en nuestra Carta Magna, sino que llama poderosamente la atención, toda vez de que la Licenciada Alma Rosa Cienfuegos Domínguez, quien por más de 20 años ha sido Jefa del Departamento de Trámites y Servicios Legales del Centro INAH-Morelos, es una avezada y experta abogada, a quien no debería tomarle casi dos años dar curso a una solicitud de licencia. Es también absurdo que el INAH, que enfrenta una severa crisis financiera en donde se ha llegado al extremo de amagar con el cierre de museos por falta de recursos, de un portazo en las narices a proyectos filantrópicos destinados a preservar el patrimonio de México y a aliviar la carga de sus maltrechas finanzas.
En otro tenor, los miembros del clero diocesano, así como los párrocos a cargo de bienes de arte sacro y/o patrimonio mundial, deben tener presente el grave deber que entraña ser custodios de los tesoros históricos, artísticos y culturales a su cargo. Los bienes muebles e inmuebles bajo su custodia, más allá del cotidiano uso religioso, son mudos testigos de nuestro pasado y memoria histórica. En el caso de la Catedral de Cuernavaca, adicionalmente también son responsables del Museo de Arte Sacro y su valioso acervo.
Finalmente, las autoridades locales deben asumir en lo que les corresponde, que, al coadyuvar en la protección de dichos bienes, debe existir cero tolerancia hacia el vandalismo o el expolio. La Secretaria de Turismo de Morelos, no solo debe promover y difundir, como ya se mencionó, nuestra oferta de Turismo Cultural, pero no solo se trata de hacerlo divulgando fotografías en las redes sociales, sino generando las condiciones para que los sitios puedan ser visitados, hoy el entorno de los conventos Patrimonio de la Humanidad y otros monumentos de arte sacro en la entidad, no siempre es el más grato, accesible o seguro para los visitantes locales, nacionales y extranjeros.
Morelos, tiene una extraordinaria diversidad en cuanto a su oferta turística, el turismo cultural y el arte sacro son prendas invaluables. Pero lo anterior no se debe entender como una dádiva o privilegio, sino como una grave responsabilidad, compartida por todos los actores involucrados y como testimonio señero de quinientos años de rica y apasionante historia y cultura morelense.

*Escritor y cronista morelense.

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