Hace muchos años soñé que entraba a una habitación vacía. Era un cuarto de dimensiones descomunales, con una iluminación blanquecina, tenue y el suelo estaba inundado de una agua cristalina y quieta. Al fondo, en una esquina, se veía una figura sentada. Conforme me acercaba, las formas de esta presencia se iban definiendo. Era un ser con cara de lobo, pero sobre su cabeza descansaba una enorme cornamenta de alce. Era una deidad mitológica, anterior a cualquier cultura. Una fuerza primordial de la naturaleza, cuya contradicción entre depredador y presa, se difuminaba completamente. Cuando me paré frente al ser, me mostró su pata-mano y en el centro de su palma, había un ojo en llamas. Le conté este sueño a mi amigo, el artista Abraham Villaseñor y unos meses después no sólo lo dibujó sino que lo tatuó en mi brazo derecho.

Por esa razón me sorprendió completamente el inicio de la pieza Anecdotario estacional del coreógrafo, bailarín y biólogo, Alberto Mora. En ella, Mora aparece encarnando precisamente a esta presencia del bosque, un ser con una gran cornamenta, cuya fuerza no sólo se reduce al cuerpo físico, sino a la emanación de un poder vasto, antiguo y esencial. Esta fuerza me recuerda a la forma en como la pensadora Donna Haraway concibe a la naturaleza, lejos de la romantización. La naturaleza, dice Haraway, no quiere ser salvada, ni tampoco es una presencia armónica. La naturaleza es portadora de violencias inclementes y de un poderío transformador. Y ese topos está habitado por tropos específicos. Para mí, seres primordiales, híbridos entre espíritus, animales, plantas, humanos y hongos. Eso personifica Alberto Mora, al inicio de su pieza, que se presentó en tres fechas distintas en la biblioteca Miguel Salinas en el centro de Cuernavaca, y que tuve el honor de presenciar en su estreno.

Anecdotario estacional es una instalación plástica y audiovisual que resultó de un largo proceso de investigación. Durante un año, Alberto Mora realizó trabajo de campo en la Reserva de la Biosfera Sierra de Huautla, en colaboración con el Centro de Investigación en Biodiversidad y Conservación (CIByC) de la UAEM y con el apoyo de Jóvenes Creadores 200-2023. La idea era que a partir de metodologías de la ecología, se germinara una perspectiva artística en torno a la selva seca. Los resultados han encontrado diversos cauces: videodanzas, video documental, piezas sonoras a cargo del músico Rod Ziq (que nunca me canso de recomendar, ni de escuchar), textos, piezas plásticas y coreografías.

Precisamente, la instalación fue activada a través de la danza. En un recorrido por distintos escenarios que evocan de manera metafórica distintas facetas de la selva seca, observamos cómo distintos tipos de seres se funden entre lo humano, lo bestial y lo vegetal. Estos seres están personificados por otros bailarines, que también formaron parte del proceso de investigación: Regina Ortiz, Vladimir Kempiz y Maco Víveros. Mientras que Regina, se desenvuelve sutilmente entre paisajes espinosos y áridos, Kempiz se presenta como una hoja frágil moviéndose a través del viento otoñal; y luego juntos, confrontan, contraponen y mimetizan sus fuerzas, para dar paso a la presencia acuática de Maco, que fluye como una ola o como un temporal de lluvias.

Tendemos a pensar la naturaleza como un conjunto de compartimentos separados, cuando en realidad todo se mueve en una unidad de procesos y vínculos irrompibles, salvo cuando el Capitaloceno y el Atropoceno interrumpen con su esterilidad. Anecdotario estacional es una pieza que nos invita a reflexionar sobre cómo los procesos de la naturaleza abarcan tiempos y lugares y mitos y espíritus y seres que se constituyen los unos a los otros.

Davo Valdés de la Campa