Mujeres y agua: una brecha que persiste

Cada 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que es un recordatorio de las luchas históricas, de los avances logrados, pero también de las brechas persistentes. En el sector agua, el enfoque de género no es una concesión ideológica ni un asunto accesorio: es una condición estructural para la sostenibilidad, la equidad y la eficacia de las políticas públicas.  

Sin equidad no hay seguridad hídrica. Diversos Organismos internacionales lo han documentado con claridad. ONU Mujeres ha subrayado de manera reiterada que mujeres y niñas son quienes, en muchas regiones del mundo, cargan con la responsabilidad cotidiana de acarrear agua, administrar su uso en el hogar y enfrentar de primera mano las carencias en saneamiento. La UNESCO, a través de sus Informes Mundiales sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos, ha dedicado capítulos específicos a la relación entre agua y género, destacando que la participación de las mujeres en la gobernanza hídrica mejora la toma de decisiones y fortalece la resiliencia comunitaria.  

Por su parte, UN-Water ha advertido que sin igualdad de género no se alcanzará el acceso universal al agua potable y al saneamiento. El propio marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es contundente: el ODS 5 (igualdad de género) y el ODS 6 (agua limpia y saneamiento) están profundamente entrelazados. No es casualidad. La falta de servicios adecuados de agua y saneamiento impacta de manera diferenciada a las mujeres, limitando su acceso a educación, empleo y espacios de decisión. En contextos rurales, la sobreexplotación de acuíferos o la escasez prolongada no sólo es un problema técnico; es también una carga social que recae desproporcionadamente en ellas. En entornos urbanos, la intermitencia del servicio implica reorganizar la vida doméstica, almacenar, racionalizar, cuidar cada litro. 

Pero el enfoque de género en el agua no se limita a reconocer vulnerabilidades. También implica reconocer capacidades. Cada vez más mujeres son ingenieras hidráulicas, hidrólogas, abogadas especializadas en derecho de aguas, operadoras de sistemas, investigadoras, funcionarias públicas y líderes comunitarias. Su presencia en consejos de cuenca, organismos operadores y espacios de planeación estratégica no es sólo un asunto de justicia; es una ventaja institucional. Diversos estudios internacionales muestran que los órganos colegiados con mayor diversidad toman decisiones más sostenibles. 

En México, donde enfrentamos sobreexplotación de acuíferos, estrés hídrico en múltiples regiones y desafíos crecientes derivados del cambio climático, integrar de manera transversal la perspectiva de género en la planeación, la asignación de recursos y la gestión comunitaria no es una opción. Es parte de la solución. Significa diseñar programas que consideren las realidades diferenciadas, garantizar participación efectiva en los procesos de toma de decisiones y construir instituciones más incluyentes y transparentes. 

Hoy, al reflexionar sobre el Día Internacional de la Mujer, pienso en lo público y en lo personal. En la enorme deuda histórica que como sociedad aún tenemos, pero también en las mujeres concretas que han marcado mi vida. Mi respeto profundo por mi madre, ejemplo de fortaleza y carácter; mi amor y gratitud por mi esposa, compañera incansable; mi orgullo por mis tres hijas, que representan esperanza y futuro; y mi cariño por mis cuatro hermanas.  

No podría terminar sin hacer un reconocimiento sincero a las muchas, excelentes profesionales y extraordinarias colaboradoras con las que he tenido el privilegio de trabajar a lo largo de mi carrera. En cada proyecto, en cada decisión y en cada logro, su talento, compromiso y visión han dejado huella. Honrar el Día Internacional de la Mujer es también reconocerlas a Ustedes, gracias por sus acciones que han ayudado a construir un sector agua más justo, más equitativo y verdaderamente para todos. Un fuerte abrazo hasta dondequiera que se encuentren. 

*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR 

Juan Carlos Valencia Vargas