Protagonista y testigo de la cultura en Morelos

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Entrevista por Gustavo Yitzaack Garibay

En marzo de este año se cumplirán dos años del fallecimiento de Adalberto Ríos Szalay, un morelense universal y hasta ahora el documentalista más importante del patrimonio biocultural de México. Ríos fue un forjador y colaborador de instituciones culturales y científicas como el INAH, el CONACULTA, el Conacyt y la CONABIO.

Influido por su amistad con los antropólogos Rodolfo Stavenhagen y Guillermo Bonfil Batalla, junto con Jorge Cázares y el filósofo Ricardo Guerra, propuso la creación del Instituto de Cultura de Morelos, del que fue director en dos periodos. Su obra, más de un millón de imágenes, fue declarada Memoria del Mundo-México por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). También respaldó intelectual y políticamente la iniciativa ciudadana de Ley de Cultura y Derechos Culturales para el Estado de Morelos impulsada por el Movimiento Cultura 33+3 que hoy es una realidad. Hoy recupero algunos fragmentos de tres entrevistas que tuve con él:

G.G.- Carlos Fuentes decía que “nacer mexicano convierte en experiencia nuestro destino”. ¿Para usted qué significa ser morelense?

A.R.- Lo primero que significa para mí es una suerte enorme de nacer, vuelvo a insistir, en un pequeño Estado territorialmente hablando, inversamente proporcional a su rol en la historia de México, de todas las épocas. Yo creo que nosotros somos taciturnos, no somos jarochos, te lo decía yo ayer, no somos veracruzanos, no somos yucatecos, sonorenses exaltados pero la gente aquí es… es brava, es tremenda, es de una sola pieza, entonces forjarse en eso… qué lástima que algunos que vivan aquí no se dan cuenta y lo aprovechen. Me decía Valentín López González que él admiraba mucho a un hombre que un día llegó a su casa y le tocó, “señor yo sé que usted es historiador y que además usted es el cronista, vengo a que me diga adonde llegué”, él era un hombre que acababa de llegar a vivir a Morelos, le regaló quince libros y el otro se fue a leerlos todos. Cuando revisamos nuestra historia te va creando un compromiso y una identificación plena ¿verdad? más allá de cosas folklorizadas, más allá de ciruelas y más allá de chinelos que, desde luego, son muy importantes y muy sabrosas las ciruelas, pero… pero saber en dónde estamos me parece a mí que es una fortuna y yo creo que también pueden decir lo mismo los hidalguenses y los coahuilenses y todos tenemos la obligación de revisar de dónde venimos para saber a dónde podemos ir y cuál es nuestro compromiso ¿no? entonces, para mí Morelos es un pequeño Estado en un pequeño territorio, un gran Estado en un pequeño territorio así, un gran Estado en un pequeño territorio y a mí se me ocurrió una frase que, desde luego, no es nada original, seguramente hasta los griegos la han de haber dicho, vete tú a saber, porque dicen que cuando uno escribe y que cuando uno escribe libros, lo decía Marcel Proust, es como un cementerio donde la mayor parte de los nombres de las tumbas se han borrado ¿no? Pero yo, para mí valemos por lo que somos y somos por lo que hemos heredado y aportemos generacionalmente, si no nos podemos quedar regodeándonos “viva México” y “con México en la piel” y vaciladas así ¿no? No, no, no, yo creo que si estamos claros qué somos, que valemos por lo que somos y somos por lo que hemos heredado, sin chovinismos, y por lo que aportemos generacionalmente, es lo más importante, creo que ese es el gran sentido de nuestra vida que puede tener y este, nuestro gran compromiso ¿no? a futuro y de esto podemos incluir desde Cuauhnáhuac, música sinfónica, Tlayacapan con sus cuestiones, los jaripeos, nuestra comida, nuestra manera de construir las casas, de ligarnos con el pericón y celebrarlo anualmente para evitar los malos espíritus, hasta la presencia de la ciencia y de la tecnología y de la cultura, que ahora quizás es nuestro compromiso defender lo que hizo el pueblo de México, el pueblo de Morelos también su parte, para crear estas  instituciones que mencioné que son fundamentales en México. Tuve la fortuna de ser maestro de carrera en la UNAM … tenemos que defender eso, defender el sistema nacional de becas, Y desde luego, limpiar la mugre y la corrupción, sí, sin duda estamos en contra de eso, pero hay maneras de hacerlo, de manera que no sea fascista que no sea nazifacista; cuando se habla de entidades es el peligro también, si uno no lo ubica con cosas serias, si uno no lo ubica en su pleno valor cultural, científico y tecnológico, también uno se puede convertir, puede proponer la identidad como un hecho excluyente, que debe de ser al revés, como lo hizo Valentín. Morelos siempre ha sido incluyente, yo creo que es una de nuestras grandes virtudes, aquí nunca se le ha puesto apodo a nadie, aquí nunca se ha pedido como algunas eh… alrededor de adornitos o alrededor de placas que he visto en otros Estados de la República que dicen mata un chilango, haz patria ¿no? Aquí han sido bienvenidos todos, algunos se han aprovechado brutalmente hasta encaramarse en la gubernatura del Estado.

G.G.- En alusión a ese cosmopolitismo, le tocó nacer en una Cuernavaca de resurgimiento y de esplendor, ¿qué imagen guarda de eso?

A.R.- ¡Cómo no!, pues bueno, desde conocer a Lemercié porque vino un amigo francés y me pidió ir a conocerlo, entonces fuimos a hacerle una entrevista y la disfruté muchísimo, tuve la suerte, bueno, por las razones del puesto que me tocó, de conocer a Vlady, de conocer a Ricardo Garibay, de conocer a la directora del museo Brady, de conocer al exilio español que teníamos que ponerlo en primer lugar, de conocer a ¿quién te podría decir? es que por donde lo nombremos.

Ricardo Guerra, a Rodolfo Stavenhagen, a quien más, a este director de orquesta de origen chiapaneco ahorita recordaré el nombre…no es Alzheimer, fue un compositor cuyo padre fue uno de los más grandes zootecnistas y ecólogos que ha habido en nuestro país, don Miguel ahorita me acuerdo, Carlos Montemayor, que precisamente mis hijos me llevaron, me obligaron a hacer el posgrado en antropología y me llamó Guerra y me nombraron miembro de la junta de gobierno, pero además me dice Ricardo “métete a estudiar y dicen tus hijos que antropología” y yo le dije “no soy antropólogo”, “a ver lo último que has hecho”, entonces traje, suena muy mamila, ya lo sé, pero traje diez ó quince libros ahí y dijeron “pero vas para adentro” ¿verdad? Marcos Moctezuma, estaba este… López Austin ¿no?, Guillermo Bonfil que vivió en casa de mi hermano Jorge aquí, y ahí escribió buena parte del “México profundo”, Leonel Durán, este… hasta esta Lourdes Arizpe que fue directora ni más ni menos que de cultura pero en la Unesco y ella venía y me hablaba, me hacía ese honor y nos íbamos a comer y me decía “mira, se está gestando esto, qué opinas sobre el patrimonio inmaterial de la humanidad”, “me pareció eso una jalada”, le digo, el patrimonio construido es un reconocimiento que tenemos que hacer a los arquitectos de todas las generaciones, que es el arte que como un imán jala a las demás artes, a la escultura, la poesía, la pintura, la música pero todo tiene un nombre, entonces ponerle un nombre inmaterial ¿o qué otro le decían? ¡intangible!

Mira, acabo de hacer un trabajo en Tlaxcala sobre el mole prieto y las moleras, estaban preparando una olla para 400 personas, si se te cae en la cabeza aceptarás que no es intangible y decir que es lo que no se puede tocar entonces démosle la noticia que la marcha de Zacatecas en Zacatecas no debe volverse a escuchar, tiene nombre, se llama música, se llama poesía, se llama gastronomía, para qué inventan nombres, a veces la Unesco tan tiene mal tino, la Unesco es admirable, yo he estado ahí y me he atrevido a… México es una potencia, es potencia cultural y la gente aplaudía, pero decir que la cocina es inmaterial o que hay que inventar un nombre rarito no tiene sentido, tan es así que ninguna persona, aún en el ambiente en que tú te mueves como historiador, nadie dice patrimonio mundial, dicen patrimonio cultural de la humanidad. Ese término no existe, se llaman patrimonios mundiales, pero patrimonio mundial suena como al béisbol, en cambio, el patrimonio cultural de la humanidad, que le ha puesto el pueblo, de todos los pueblos del mundo, es el mejor término y también en esto, si nos dejáramos un poco de decir si el patrimonio construido, si el patrimonio inmaterial… en dado caso, de acuerdo, la danza, la música, la poesía, entonces este… imagínate esa suerte que tuvimos los morelenses de que estuviera José Agustín en Cuautla, de que Ricardo Garibay estuviera haciendo refunfuños aquí en su casa y me acuerdo que, por cierto, un día fui con su hijo que es antropólogo, y nos dicen “dónde estuvieron”, él, con toda su manera de hablar “en Sonora, con los seris”, “ah, sus salvajes”, le digo “oiga, no hable así” y Ricardo ya nada más hizo así, el antropólogo: “papá, ya hemos discutido mucho esto”, no, no, no, es que no hay y me dijo “es que son pueblos, los pueblos salvajes por ejemplo, no tienen ninguna aportación al amor”, “¿y el kamasutra?” le digo, “no sea tramposo”, dije “mire, maestro, usted habla tan hermosamente el español, lo maneja tanto que tiene derecho a la ampulosidad que lo distingue”, “¿cómo me dijo?” “ampuloso”, le dije, “¿cómo me llamó, me llama ampuloso a mí?” “Ay, maestro, párese y véase en el espejo con el traje”, con el kimono que traía puesto, por favor, pero bueno, ahora sí como diría ya sabes quién, con todo respeto, sin duda era un hombre extraordinario que tenía derecho a decir muchas cosas y hasta payasear con eso ¿no? ¿verdad? pero bueno, estas reuniones de Alberto Vadas y por cierto había varios, otro pianista muy parecido que vivía aquí, húngaro, esos desayunos que hacía Vadas donde estaba Santiago Genovés, que siempre empezaba diciendo “…en la guerra incivil española…” y empezaba todo su número hablando de la balsa, con la balsa que cruzó el océano. Un día, por cierto, hay una cena en casa de Víctor Contreras que también vino del extranjero, vino de Jalisco, y entonces en la cena está Genovés, estamos otras personas y entonces dice Genovés al final de los postres: “quiero felicitarlos porque es la primera vez en muchísimos años en que nadie me hizo preguntas sobre la balsa”, o sea, háganme preguntas sobre la balsa y entonces el padrastro de Víctor Contreras, un viejito simpatiquísimo que estaba en el fondo dijo “me permiten la intervención”, sí, “maestro Santiago Genovés, yo creo que usted en esa balsa se echó a la sueca, a la negra, a la rubia, a la morena y a la pelirroja”, “bueno, mire, no se las echó de enemigas, maestro” le digo, como eso había muchas cosas, bueno, desde luego la UNAM me pidió que yo hiciera un trabajo sobre Donald Cordry, que qué pena que su casa fue vendida y toda la colección maravillosa de arte popular que hizo este hombre, toda la colección fotográfica; su mujer me dijo “no la voy a dejar, no la voy a dejar, me da mucha pena, me hubiera gustado que se quedara en México pero se va a los Estados Unidos” qué pena, ¿no? No conocí a Brady, pero sí he visto su trabajo mil veces, la presencia de Jacqueline Baker, la presencia de Paul Newman, la presencia de Dolores del Río en esa casa, la presencia de los súper grandes de la cultura (…).

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Adalberto Ríos Szalay. Foto: Cortesía

Gustavo Yitzaac Garibay