Es complicado y arriesgado esto de las rifas. Uno puede quedar mal. Debe quedar bien claro para qué se usará el dinero. No es fácil ni sencillo que la gente confíe y coopere.

Un temor creciente fue el de que no se vendieran buena parte de los boletos y que entre estos quedara el boleto ganador. Eso olería a fraude o trinquete. Afortunadamente con la contribución de mucha gente se logró colocar el 94.3% de los boletos.

A todas y todos, gracias por hacernos sentir que no estamos solos. Esto alienta a seguir buscando alternativas e incluso hay sugerencias de personas dispuestas a poner su grano de arena.

Los poco más de 94 mil pesos obtenidos de la rifa no sacarán del borde de la extinción al Arroz Morelos, pero por algo se empieza. Como coloquialmente se dice es le ha puesto el cascabel al gato. Estos dos últimos meses se ha llamado la atención sobre esta amenaza contundente: la extinción del Arroz Morelos. Se mandó el mensaje de que somo legión quienes no nos resignamos a cruzarnos de brazos ante la real amenaza de que el Arroz Morelos se extinga. Se dejó constancia de lo importante que es unir voluntades y que cuando se quiere, se puede.

Con lo obtenido de la rifa no desaparecerá la amenaza de extinción del Arroz Morelos, pero es un primer paso. No será fácil desfacer el entuerto de la extinción del Arroz Morelos. El chiste es no resignarse ni darse por vencidos Hay más cosas que hacer y otras que corregir.

La primera siembra de arroz en 1836 (arroz morado) no pegó, pero don Ricardo Sánchez no se rindió y buscó otra variedad, la encontró en el estado de Veracruz. No fue fácil, le llevó meses y penurias viajar a pie o a lomo de mula, pero lo logró. De la semilla que entonces trajo proceden las variedades hoy mejoradas por el personal científico y técnico del INIFAP o Campo Experimental de Zacatepec.

Valoramos enormemente la compra de boletos de parte paisanas y paisanos o familiares que viven en USA; deseamos que por hacerlo su situación allá no se vea comprometida. Nuestro grito de alerta retumbó en Oaxaca, Campeche, Guerrero, Ciudad de México, Veracruz, Chiapas, Denver, California, Phoenix, Chicago, New York.

En nuestro terruño y lejos de él abundan los chef y amas de casa que consideran el arroz de Morelos único e inigualable por su sabor, consistencia y rendimiento lo mismo en el plato que en el campo. El Arroz extranjero es más barato, pero tiene pésima calidad y rinde mucho menos. Aquí aplica el dicho de que lo barato sale caro.

A sabiendas de que la lista de quienes me compraron boletos es larguísima y que, al mencionar a unos, dejamos fuera a otros, no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer a:

Yola Barroso, María Luisa H. Galván y amigas, Víctor Hugo Valencia Valera, Irene Cárdenas Trejo, Selma N. Corona Cacho, Pedro Arteaga, Ángeles Arce Toledo, Concepción Aguilar Sánchez, Juan Ángel Flores Bustamante, Armando Toledo, Hugo Calderón, Katy Medina y amigas: La Chiquilina y Cuqui, Ana Laura Espino, Jorge García, Silvia Salazar, Itzel Sotelo, Graciela Ménez Laureano, Dhora Petatán, Maya Estudillo, Ricardo Garibay, Santos Campos, Georgina Ramírez O., Coty Cantú Nava, Carmelo Enríquez Rosado, Elizabeth Orihuela Salgado, Omar Paniagua Sotelo, Carmina Meléndez, Carlos Barreto Zamudio, Erandy Toledo Alvarado, Berenice García Vázquez, Jorge Cázares, Carlos Brito, Karla Rangel, Alaíde Vences, Rebeca Diaz de León, María Silva, Norma A. Solís Zendejas, Genoveva Cruz, Luisillo Luisillo, Víctor Manuel Castañeda Montiel, Alejandro Vázquez Hernández, Xicoténcatl Rodríguez, Alejandro Ortiz, Cuauhtémoc Deloya, Daniel Vázquez Hernández, Irene Popys, Martha Vences Camacho, Teresa Murphey, Julia Rodríguez Cruz, Francesco Taboada Tabone, Jaqueline Blancas, Daniel Salvador Conde, Elías Navarrete, Gabriel Marquina, Dalinda Moctezuma, Yarah Navarrete.

Entrega del Giclée. La doctora Julieta Mellano vendió el boleto ganador a don Alfonso Anaya. Foto: Cortesía del autor

Julián Vences