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El crecimiento urbano es un fenómeno que transcurre a lo largo de muchos años y constituye uno de los más grandes retos en materia de planeación y orden social. Las ciudades obedecen a dinámicas sociales, culturales y económicas propias mucho más que a reglamentos y divisiones administrativas, lo que explica la fusión de las áreas urbanas en zonas metropolitanas en que diversos municipios o alcaldías comparten problemas y dinámicas muy similares. 

Las divisiones políticas y administrativas del territorio difícilmente responden o evolucionan conforme a la realidad. Así, aunque el Gobierno de México reconoce la existencia de  92 zonas metropolitanas que concentran 421 municipios en los que habitan 82.5 millones de habitantes, los responsables de esas áreas difícilmente se reconocen a sí mismos como parte de ellas, lo que lleva al desarrollo de políticas diferentes que impiden no solo la planeación a futuro, sino la administración eficiente, justa y racional de los territorios. 

La zona metropolitana de Valle de México, por mencionar la más extensa y poblada, está integrada por 16 alcaldías de la Ciudad de México, 59 municipios del Estado de México y 1 municipio de Hidalgo. Todos ellos responden a sus propias dinámicas y, en obediencia de su autonomía municipal, poseen reglamentos diversos. Lo mismo ocurre con la de Monterrey, formada por 10 municipios de Nuevo León; la de Guadalajara, nueve municipios jaliscienses; Puebla, cuatro municipios de Puebla y uno de Tlaxcala; Toluca, seis municipios del Estado de México; León, cuatro municipios de Guanajuato; Querétaro, cuatro municipios de ese estado; y Torreón, cinco municipios de Coahuila; entre otras. Se trata de núcleos urbanos (metrópolis) que, aunque existen hace décadas no han sido capaces de reconocerse como tales. 

La zona metropolitana de Cuernavaca está integrada por siete municipios, Huitzilac, Tepoztlán, Jiutepec, Emiliano Zapata, Temixco, Xochitepec y Cuernavaca; aunque una parte del norte de Tlaltizapán también estaría próxima a integrarse al área urbana. Hoy todavía cada municipio tiene sus propios reglamentos, políticas de desarrollo y atención. Sólo Cuernavaca tiene una metodología de planeación urbana que data de apenas tres años. Así que los problemas de seguridad pública, contaminación, transporte, crecimiento urbano, infraestructura; y también las oportunidades económicas, turísticas, culturales, ciudadanas, habían sido atendidos exclusivamente por la eventual coordinación y buena voluntad (no siempre presente) de los alcaldes. 

En 2025 inició un proyecto interesante impulsado por la gobernadora Margarita González Saravia quien convocó al urbanista Rubén Pesci, uno de los pioneros del desarrollo sustentable en América Latina, para empezar a trabajar un proyecto de reconocimiento de la zona metropolitana con los alcaldes de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado; Jiutepec, Eder Rodríguez Casillas; Tepoztlán, Perseo Quiroz Rendón; Temixco, Israel Piña Labra; Emiliano Zapata, Santos Tavarez García; Xochitepec, Roberto Gonzalo Flores Zuñiga; y Huitzilac, César Dávila Díaz. 

No fue una tarea fácil, aunque contaba con el respaldo de los alcaldes y la gobernadora, y el talento de Pesci (famoso por integrar la construcción con el medio ambiente y el urbanismo con la sustentabilidad). Los obstáculos jurídicos y los intereses de grupos de presión externos intentaron minar el proyecto que, ayer fue firmado como una realidad en el Convenio de Coordinación para el Reconocimiento de la Zona Metropolitana de Cuernavaca, cuyo máximo aporte es, justamente, lograr que las autoridades municipales y estatales reconozcan la metrópoli en toda la dimensión que tiene. Parte de ese reconocimiento está en la homologación de reglamentos y políticas públicas, y en el diseño de los instrumentos integrales de planeación que nuestras ciudades necesitan. 

La Jornada Morelos