
Aunque desde su creación en 1977 los sistemas para el Desarrollo Integral de la Familia en todo el país tienen funciones muy claras en defensa de la célula básica de la sociedad y de las comunidades vulnerables. Pero debe reconocerse que difícilmente las han sabido cumplir a cabalidad.
La función de los sistemas DIF tiene siempre un carácter básicamente asistencial: garantizar a la población vulnerable el bienestar social más elemental. Lo que se debería traducir en transformar las vidas de las personas a las que atiende y a quieres dota de lo que el resto de la sociedad da por sentado, el poder caminar, ver, comer, vivir en paz en cada domicilio. Este cierre de pinza ha ocurrido muy pocas veces porque paulatinamente los sistemas DIF se fueron transformando en ornatos gubernamentales, más que en instituciones funcionales.
En el caso de Cuernavaca, las disfunciones del DIF municipal empezaron hace muchos años. Duraron décadas hasta que, en el 2022 empezaron a corregirse con la llegada de José Luis Urióstegui Salgado a la administración municipal y de Luz María Zagal Guzmán a la presidencia del organismo asistencial.
Aunque la presidenta del DIF Cuernavaca no parece tener la palabra difícil en su vocabulario, lo cierto es que resultó sumamente complicado recibir instalaciones en ruinas y apenas magras acciones de asistencia social para las enormes necesidades que tiene la capital de Morelos.
Vale acotar que, en términos generales, Cuernavaca es la ciudad con mayor ingreso per cápita en el estado y el dominio de la clase media y un segmento que vive con bastante holgura económica, hace pensar en que la pobreza es un problema importado.
Sin embargo, la capital de Morelos presenta severos contrastes que no se sitúan solo en la periferia; los puntos de pobreza se ubican en prácticamente toda la ciudad y alcanzan a más del 30% de la población; además, por lo menos 20 mil cuernavaquenses sobreviven en condiciones de pobreza extrema.

Así que, aunque en los hechos se negó por mucho tiempo, el DIF municipal tiene un enorme trabajo por hacer todos los días, lo que de sí constituye un reto. Y éste se vuelve mucho mayor dado el poco reconocimiento oficial y social de la situación de pobreza en que viven miles de nativos y residentes de Cuernavaca.
La primera tarea de Luz María Zagal, entonces, fue convencer a las autoridades municipales, estatales y federales de que en Cuernavaca también hay mucha gente necesitada; logrado eso vino la otra parte, conseguir recursos para atenderlos en un municipio que, hasta ese 2022 operaba en números rojos.
En sus primeros meses de 2022 el DIF Cuernavaca tenía solo cien mil pesos para atender a la población vulnerable. Se requirió de estrategia, inteligencia, apoyos ciudadanos y mucho ahorro para lograr lo que hoy es, seguramente, el sistema asistencial más importante del estado por su labor, pero también por el número de atenciones que proporciona, uno que se cuenta en miles por semana.
La acción del DIF Cuernavaca le ha valido a su presidenta el reconocimiento nacional de las asociaciones de Municipios de México y de Ciudades Capitales. Pero más que los galardones, el logro en el organismo es mucho más profundo y se nota en el rostro de la gente a la que ayuda cada día, pero también en los de quienes proporcionan la ayuda, un equipo de trabajo comprometido con transformar la vidas de las personas y que diariamente puede ver cómo logra ese objetivo.


