La mañana del domingo comenzó con reportes de un operativo federal en el municipio de Tapalpa, Jalisco. Minutos después, los primeros bloqueos carreteros y enfrentamientos armados encendieron las alertas. El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, activó de inmediato la mesa de seguridad con autoridades federales y municipales; en Michoacán, Alfredo Ramírez hizo lo propio ante la extensión de la violencia a su territorio. 

Horas más tarde, la noticia que explicaba la reacción criminal se confirmaba desde fuentes federales: fuerzas especiales del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional habían abatido a Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los grupos delictivos más poderosos y violentos del continente. 

El comunicado de la Secretaría de la Defensa Nacional detalló que la operación fue resultado de trabajos de inteligencia militar central, del Centro Nacional de Inteligencia y de la Fiscalía General de la República, y que contó con apoyo de información proporcionada por autoridades de Estados Unidos en el marco de la cooperación bilateral. Durante el operativo, fuerzas militares fueron agredidas y repelieron el ataque; hubo bajas del grupo criminal, detenciones, aseguramiento de armamento de alto poder —incluidos lanzacohetes capaces de derribar aeronaves— y también elementos del Ejército resultaron heridos. 

Mientras tanto, los efectos de la reacción delictiva se multiplicaban: los bloqueos alcanzaron no solo Jalisco y Michoacán, sino también Colima, Guanajuato y otras entidades. En algunas zonas se suspendió el transporte público y se reforzó la presencia de fuerzas federales. 

En ese contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum se pronunció con un mensaje claro: existe “absoluta coordinación” entre las fuerzas federales y los gobiernos estatales; la prioridad es proteger a la ciudadanía y restablecer el orden. Llamó a mantener la calma, a informarse por los canales oficiales y reconoció el trabajo del Ejército, la Guardia Nacional y el Gabinete de Seguridad. 

La secuencia de los hechos deja una enseñanza firme: si el crimen organizado no reconoce fronteras estatales ni respeta jurisdicciones locales en una lógica expansiva, transnacional y violenta, pretender enfrentarlo con esfuerzos aislados o rivalidades políticas sería un error histórico. La única vía razonable es la coordinación real entre federación y estados, acompañada de inteligencia estratégica y cooperación internacional. 

En poco más de un año de mandato, el gobierno federal logra un golpe de alto impacto contra una organización que había construido una red de operaciones con presencia en buena parte del territorio nacional y ramificaciones internacionales. Pero el logro no se reduce a la caída de un líder. Es parte de una estrategia más amplia que incluye decomisos históricos de droga —como el aseguramiento de más de dos toneladas por parte de la Secretaría de Marina en Baja California Sur, con un valor estimado de 594 millones de pesos que se dio ayer también—, debilitamiento financiero de las organizaciones y trabajo sistemático de inteligencia. 

También resulta significativo que la propia Secretaría de la Defensa Nacional reconociera la cooperación con Estados Unidos. En materia de seguridad, el pragmatismo es indispensable. La colaboración bilateral, cuando se ejerce con respeto a la soberanía y bajo marcos legales claros, potencia capacidades tecnológicas y de inteligencia que pueden inclinar la balanza, por fin, a favor de la justicia. 

Sin embargo, la experiencia demuestra que la captura o abatimiento de un líder puede detonar disputas internas y reacomodos violentos. El Estado debe anticipar esos escenarios y reforzar la presencia institucional en las regiones afectadas, no solo con fuerzas armadas, sino con programas sociales, fortalecimiento de policías locales, fiscalías eficaces y políticas de prevención. 

Sería mezquino negar la dimensión del golpe asestado. Dejar sin jefe a uno de los cárteles más poderosos del mundo no es cualquier cosa. Es un mensaje de que el Estado mexicano, cuando actúa coordinadamente y con inteligencia, puede recuperar terreno frente a estructuras criminales que durante años parecieron intocables. 

La Jornada Morelos