
Aunque ha sido aparentemente marginal, la industria cinematográfica le ha tomado un añejo cariño a Morelos por sus paisajes e inmuebles que funcionan como estupendas locaciones; su clima, amigable con las producciones; su cercanía con la Ciudad de México, el principal centro de distribución de prácticamente todo lo que se hace en el país; entre otros factores que lo han mantenido como un estado destino de producciones, a pesar de no haber contado en el pasado con proyectos integrales para impulsar a la industria fílmica y de entretenimiento.
El estado no había atraído la cantidad de producciones que se realizan en la Ciudad de México, Baja California, Veracruz, Puebla o Jalisco, estados favoritos de las producciones por su infraestructura, incentivos fiscales y diversidad de locaciones, aunque en el 2025 se acercó a ellos gracias a la puesta en marcha de un proyecto de atracción de inversiones creativas que permitió la realización de al menos 70 proyectos entre largometrajes, cortometrajes, series y comerciales.
Esta cantidad superó los registros de otras entidades favoritas de la industria fílmica, como Baja California que en 2024 sumó 50 proyectos; Veracruz, con 40; y Puebla con 30. Aunqua todavía no supera a Jalisco, que tuvo casi 200.
El proyecto morelense de impulso a la cinematografía se funda en la tradición histórica del estado como banco de locaciones. Entre otras grandes producciones, Morelos alojó Nazarín (1959); The Magnificent Seven (paisajes de la región oriente del estado, 1960); Viva María (1965); Butch Cassidy and the Sundance Kid (Tlayacapan y Cuernavaca, 1969); Two Mules for Sister Sara (Cocoyoc, 1970); Clear and Present Danger (Cuernavaca, 1994); Zapata el Sueño del Héroe (Ruta de Zapata, 2004); Bad Boys for Life (Hacienda de Oacalco en Yautepec, 2020); además de innumerables series, telenovelas, comerciales, y otras filmaciones.
Pero la estrategia no vive solo de la historia el paisaje, factores que probablemente comparta con otros destinos. También se apoya en estímulos como el cash rebate de hasta 30% en los gastos locales; la colaboración entre el gobierno, la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica, el sector privado y la academia; la reducción de costos para filmaciones; el diseño de políticas públicas orientadas a las industrias audiovisuales; la formación de talento local; y una agresiva estrategia de promoción que ya ha traído a Netflix y Amazon, las dos principales plataformas de streaming, a producir contenidos en el estado.
A este conjunto de estímulos que ya está en marcha se sumará la habilitación de una sede de los Estudios Churubusco, la más famosa productora cinematográfica del país; en Xochitepec, con lo que se fortalecerá la infraestructura; y el respaldo del gobierno estatal a la formación de talentos en producción, dirección, guionismo, doblaje y efectos especiales, que comenzó a ser importante en el estado desde la década de los noventa.

El impulso a la industria cinematográfica, sin embargo, no debe ser un medio de aniquilación del sistema de creadores locales con que ya cuenta Morelos y que poco a poco consolida su participación en el sector con producciones de alta calidad. Por ello es importante que el gobierno estatal contemple un esquema de protección y colaboración a la incipiente industria fílmica local, integrada por casas independientes y colectivos, que les permita beneficiarse también de la presencia y operación de las grandes productoras nacionales e internacionales.
Ser la meca del cine en México es una apuesta inteligente, siempre que no resulte avasalladora para el talento local.

