

En México, la Navidad es un mosaico cultural a través del que se identifican tradiciones indígenas, católicas y europeas; pero igual que en el resto del mundo, el énfasis en estas fechas está en la paz, la fe y la unión familiar expresa en diversos contextos y escenarios. El morelense, por ejemplo, pleno da artesanías, flores de nochebuena y el aroma de las delicias que suelen prepararse con productos de nuestro campo.
La Nochebuena que la mayoría de los morelenses celebra esta noche conmemora el nacimiento de Jesucristo y es la culminación de siete días de posadas, celebraciones que integran rituales prehispánicos como la piñata, que en este caso simboliza la victoria de la fe sobre los siete pecados capitales (de ahí el número de picos de las piñatas tradicionales). El toque morelense en las posadas suele darse con la presencia de los Chinelos, las artesanías decorativas, las pastorelas comunitarias y las villas navideñas que, aún con el clima tropical simulan nieve, incluyen renos, y hasta algunas pistas de hielo.
La distinción no hace diferencia, la Navidad es una fiesta que promueve los valores humanos fundamentales como humildad, generosidad, solidaridad, amor familiar, unidad, paz; todos ellos parte de lo que conocemos como espíritu navideño y que tienen un papel fundamental en la alegría colectiva que suele reinar en estas fechas, aún cuando la presión por tener la Navidad “perfecta” suele generar conflictos internos y con otras personas, algo que debemos cuidar.
Aunque no es lo más importante de estas fiestas, lo cierto es que también se traducen en un impulso económico muy relevante. Los reencuentros familiares suelen llevar a los hoteles a ocupaciones de entre 85 y 90 por ciento; la industria de alimentos preparados también reporta buenos números por las cenas preparadas para llevar, pero también por eventos realizados en restaurantes. Las tiendas, especialmente de regalos, reportan llenos completos y el gasto es, sin duda, el más importante del año.
Es importante no olvidar que la celebración de esta noche y todo el día de mañana promueve la unión familiar. Por lo que las reuniones deben centrarse en fortalecer los lazos afectivos, y la humildad; y para ello es necesario apreciar lo esencial sobre lo material. La Navidad es una fiesta que favorece el desarrollo y ejercicio de la empatía, gratitud y solidaridad mediante rituales compartidos que generan pertenencia social.
Para tener unas mejores fiestas decembrinas no hay que olvidar fomentar el diálogo con la familia sobre la importancia de la generosidad y la gratitud; participar en las actividades programadas, desde los preparativos hasta la post fiesta, que incluye el lavado de trastes y la limpieza de la casa. Durante la fiesta evita en lo posible el uso de pirotecnia; verifica las instalaciones eléctricas para evitar cortocircuitos que generen incendios; evita los excesos en comida y consumo de bebidas alcohólicas; si vas a conducir hazlo con mucha paciencia y más precaución; convive lo más que puedas con tus familiares y amigos.

Pero también, y eso es gran parte del espíritu navideño, debes recordar que hay muchos que no la pasan bien en estas fechas y son silenciados e invisibilizados por el entusiasmo de las fiestas. Recuerda a las víctimas, los desaparecidos, los pobres e indigentes, los deprimidos, los enfermos; a todos quienes se les ha negado por la circunstancia que sea, la posibilidad de celebrar. Ayúdalos porque las palabras, los gestos y los actos desinteresados de bondad pueden ser el secreto para tener una Navidad para todos.


