En Cuernavaca hay 46 barrancas que recorren 140 kilómetros que, al mismo tiempo de definir el paisaje urbano de la ciudad, su identidad e historia, resultan fundamentales para la captación y el tránsito del agua, la regulación del clima, la conservación de ecosistemas, y son refugio de una rica vida silvestre.

El desordenado y vertiginoso crecimiento que ha tenido la ciudad durante las últimas décadas ha provocado la contaminación y deterioro constante de las barrancas de la ciudad con las consecuentes afectaciones al medio ambiente y a la calidad de vida no solo de Cuernavaca, sino de sus municipios vecinos; Temixco y Jiutepec.

El problema inicial, las descargas de aguas negras sobre las barrancas se ha vuelto incontrolable, y fue sustituido por uno nuevo la falta de infraestructura para canalizar esas descargas cuyo tratamiento permitiría desarrollar acciones de saneamiento más duraderas sobre los ríos, arroyos y riachuelos que corren por la ciudad.

El proyecto que recién inicia al ayuntamiento de Cuernavaca en la barranca de Amanalco, al centro de la ciudad, busca atender ese problema con la limpieza y construcción de tuberías que permitan desviar las descargas; se trata de una acción piloto de cuyo éxito depende su reproducción en las otras seis barrancas relevantes de la ciudad. En paralelo, de forma coordinada con los gobiernos federal y estatal se busca solucionar también con la dotación de infraestructura la grave contaminación del Río Apatlaco.

No se trata de negar el problema que representan miles de descargas ilegales que padecen las barrancas de Cuernavaca, sino de empezar a tratarlo desde un acercamiento científico ajustado a la realidad actual.

Es cierto que por décadas ninguna autoridad municipal quiso, pudo o supo controlar la contaminación de las barrancas provocada principalmente por la falta de atención a los asentamientos humanos de todo tipo, desde los irregulares hasta los más planificados y autorizados por el propio ayuntamiento; pero también debe concederse que actualmente por lo menos la mitad de las colonias de la ciudad participan cotidianamente en esa contaminación por lo que el tratamiento del problema se ha transformado.

Y aunque el nuevo planteamiento parece correcto no deja de ser un reto enorme que requiere de la inversión, coordinación y la voluntad de las autoridades, y también de la participación ciudadana. Se requieren de kilómetros de tubería, cárcamos, colectores y subcolectores, redireccionamiento de drenajes y otros equipos que eventualmente permitirán la limpieza de los cuerpos de agua. También será necesario reforzar las estructuras que controlan el acceso a las barrancas y los mecanismos jurídicos y sociales diseñados para protegerlas. Fomentar la conciencia social para detener las conductas que han convertido a las barrancas en basureros que deben ser atendidos cotidianamente.

Otra condición indispensable para el éxito en la conservación de las barrancas de Cuernavaca es la constancia; desde 1994 hasta ahora ha habido por lo menos una decena de proyectos emprendidos por los gobiernos municipales para protegerlas y sanearlas; sin embargo, algunos por su diseño meramente ornamental, otros por fallas diagnósticas, pero la mayoría por abandono de las autoridades, han fracasado todos.

Vale decir que, el más reciente proyecto, oficializado el 5 de enero pasado, parece empezar a dar resultados efectivos, no solo con las acciones que ha iniciado el ayuntamiento de Cuernavaca, sino también con la identificación de especies de fauna que habitan en nuestras barrancas y que están en proceso de rescate.

 

La Jornada Morelos