

Debe reconocerse como muy buena noticia la clausura que el Ayuntamiento de Tepoztlán hizo de las dos construcciones que particulares desarrollaban en el Área Natural Protegida Parque Nacional El Tepozteco, más exactamente en el paraje Oztuyehualco de Santo Domingo Ocotitlán.
Además de ilegal, las edificaciones comprometían el hábitat del murciélago magueyero, una especie endémica en peligro de extinción e irremplazable en la polinización del maguey y para el equilibrio ecológico y la biodiversidad de la zona, en la que la presencia humana es especialmente peligrosa.
La clausura fue operada por la autoridad municipal en coordinación con la Profepa y la Guardia Nacional no solo para salvaguardar la legalidad, sino como una medida urgente para proteger el hábitat del murciélago magueyero y en general del patrimonio natural.
Se trata de una clausura más realizada por la administración del alcalde Perseo Quiroz que apenas inició en enero pasado y ha detenido alrededor de una decena de construcciones en el Parque Nacional El Tepozteco.
Y si bien las cancelaciones de las obras evidencian la voluntad del ayuntamiento por mantener la protección a la zona de reserva, también muestran la serie de complicaciones que, esquemas añejos de corrupción y abandono, la dificultad de la vigilancia, y las presiones del crecimiento urbano y los grupos de interés, plantean a la protección de un área cuya propia privilegiada geografía dificulta vigilar.
Ha quedado claro que la voluntad de la administración de Tepoztlán es férrea, pero insuficiente para evitar las constantes invasiones, por lo que resulta urgente apoyar a la autoridad municipal desde todos los flancos con mayor eficiencia y decisión para frenar las invasiones y la depredación de la zona colindante también con los municipios morelenses de Cuernavaca, Huitzilac, Jiutepec, Yautepec, y Tlalnepantla.

La riqueza biológica del Área Natural Protegida incluye, además del murciélago magueyero, a venados cola blanca, gallinas de monte, coatíes, cacomixtles, escorpiones, lagartijas espinosas, zacatuches, serpientes de cascabel, gavilanes, zorras grises, gato montés, papamoscas, zopilotes, capulineros, momotos corona canela, colibríes, pavitos, pirangas, tordos, mulatos, y otras casi mil 800 especies de animales, plantas y hongos de fauna endémica.
Así que las constantes invasiones ponen en peligro gran parte de la biodiversidad de Morelos y con ello todo un ecosistema que depende de un equilibrio delicado que permite, además de mantener la belleza del área, proteger las cuencas hidrográficas como la Laguna de Hueyapan y en general el ciclo hidrológico; prevenir la erosión del suelo y con ello mantener su estabilidad y evitar deslaves; regular el clima local y ayudar a mantener temperaturas frescas y aumentar la humedad; facilitar la reproducción de especies, muchas de ellas endémicas y en peligro de extinción; entre otras funciones del área que se ven comprometidas con cada intento de reducirla.
Así que ninguna autoridad del estado y los municipios vecinos tendría que ignorar su corresponsabilidad en la protección de El Tepozteco. En ello va mucho de nuestro futuro común, como morelenses, pero también como humanidad.
Perseo Quiroz está haciendo lo que le corresponde, pero sin duda requiere de mucha ayuda, de todas partes.

