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Aunque debe reconocerse el avance en las políticas y estrategias para el desarrollo del campo en Morelos, el más preocupante de los pendientes sigue presente: la producción de arroz en el estado se ha reducido a apenas el 10 por ciento de las cifras históricas. Se trata de una tendencia marcada durante los últimos ocho años.

La urbanización; la escasez de agua por falta de inversión en sistemas de riego; el cambio climático; la competencia con productos importados de menor calidad y precio; el aumento en los costos de producción; las deficientes estrategias de comercialización; entre otros factores, han provocado que las tierras que se utilizaban para el cultivo emblemático del estado, el arroz Morelos, desaparezcan o se utilicen para otros productos.

Como expone la nota principal de esta edición de La Jornada Morelos, el año pasado fue uno de los más bajos periodos de producción de arroz en la historia del estado; menos de 500 hectáreas fueron utilizadas para su cultivo. Para el 2026 las expectativas son iguales o hasta peores.

Un proyecto de desarrollo agropecuario para Morelos que no contemple el rescate del arroz desperdiciaría una de las grandes ventajas competitivas del estado cuyas condiciones climáticas, riqueza de la tierra y la incorporación de avances científicos en la mejora del grano, lo han convertido en uno de los mejores del mundo.

Ese rescate del arroz Morelos será mucho más difícil si no se incide desde el plano local para que el gobierno federal reduzca la importación de arroz de menor calidad o que compite de forma desleal con el grano nacional.

Los expertos consideran que es necesario también implementar una estrategia de agricultura de precisión para el cultivo, para tener datos que optimicen los recursos y reduzcan con ello los costos.

Esta agricultura de precisión deberá incorporar tecnologías accesibles para optimizar el riego, los nutrientes y el monitoreo; contemplar la escasez de agua local y las mejores variedades respecto de la calidad del suelo. Se estima que la estrategia podía incrementar el rendimiento de la producción hasta en 20% y reducir entre 15 y 30% los costos.

También es necesario continuar la vinculación ​con científicos a fin de lograr mejoras que permitan al cultivo local resistir los efectos del cambio climático y optimizar su calidad en términos de nutrición, sabor y consistencia.

Se trata, entonces, de una estrategia de mediano y largo plazos, pero debe iniciarse ya.

Hace ocho años empezó a hablarse del riesgo en que estaba el cultivo de arroz en Morelos; el mismo tiempo sólo se han escuchado discursos y lamentos. La situación ha escalado ya a un nivel de emergencia profunda.

Rescatar el arroz no solo tiene sentido económico, al ser uno de los cultivos con los que Morelos podría competir con ventajas en el plano internacional; también significa conservar buena parte de la identidad del estado, esa que se construye cada día entre cañas, magueyes, flores, amaranto, aguacates, hortalizas, frutas y, también, arroz.

La Jornada Morelos