

Aunque reconocen que en términos generales la seguridad pública en Morelos ha mejorado sustancialmente, al empresariado local le preocupa, por un lado, que aún hay territorios donde la extorsión campea y grupos criminales operan a pesar de la contención policial, como la región oriente de Morelos; y por otro, que ocasionalmente alguna distracción de las policías municipales permite el repunte de delitos como el robo en general, algo que ocurrió en los últimos meses del 2025 en Cuernavaca.
Debe decirse que, a diferencia de anteriores sexenios, el gobierno estatal no ha ignorado a los empresarios, al contrario, los ha invitado a dialogar, exponer sus diagnósticos sobre riesgos asociados con la actividad criminal, mejorar los esquemas de denuncia, y mantener la comunicación con los integrantes de la Mesa para la Construcción de la Paz y la Seguridad del estado, donde están representadas fuerzas federales, estatales y municipales.
Es cierto que después de varias administraciones estatales y municipales que fueron rebasadas por la actividad criminal a cuyo combate paulatinamente claudicaron; los morelenses exigen resultados inmediatos. Pero también se entiende que la paz no es algo que se construya mágica ni inmediatamente; requiere de mucho trabajo y compromiso permanente, tareas que, si bien se ejercen desde los planos federal y estatal, parecen olvidarse en algunos municipios.
Porque algo notable desde que Morelos recuperó una política de seguridad pública en octubre del 2024, son las diferencias profundas en los resultados que pueden ofrecer las regiones y municipios del estado, y las que se han presentado a través del tiempo en cada municipio.
Aunque resulta obvio que los intentos de ciertos tipos delictivos incrementan en épocas específicas, hay ejemplos que evidencian una falla en la operación de los cuerpos de seguridad más directos, los municipales, para garantizar la protección de la ciudadanía. En Cuernavaca, durante el periodo de El Buen Fin, una etapa en que la circulación de efectivo y bienes crece de forma muy importante, la ciudad reportó saldo blanco. Pero las semanas siguientes, y más durante diciembre, la incidencia de robos creció sustancialmente, lo que hace pensar en cierto relajamiento en la operatividad policial que le costó el trabajo al anterior titular de la policía local.
Hay otros municipios donde el ayuntamiento renunció absolutamente a sus funciones en materia de seguridad pública, no solo olvidando su responsabilidad directa sobre la vigilancia y persecución de delincuentes en flagrancia, sino en otras obligaciones como el alumbrado público, y la dotación de senderos y espacios públicos seguros.

Los empresarios saben de estas diferencias y de las omisiones constantes de ayuntamientos en materia de protección ciudadana. Por ello decidieron brincarse a los cuerpos edilicios y las mesas regionales y acudieron a las autoridades estatales y federales para plantear el diagnóstico de riesgos que enfrentan región por región.
Una buena noticia es que la reunión transcurrió en un ambiente de colaboración y de asumir compromisos conjuntos. El empresariado superó ya la época de las quejas que, ante la sordera de las autoridades anteriores se volvía estéril; y comenzó una etapa de acercamiento, propuesta, trabajo conjunto y colaboración con la autoridad.
Al final, la paz la construimos todos.


