
No basta solo observar
La habilitación del Observatorio Turístico Sostenible desde el año pasado ha servido para arrojar datos sobre el comportamiento de los visitantes que Morelos recibe año con año. Se mide el número de visitantes, el tiempo de estancia, el gasto promedio y las actividades que realizan, entre otros datos que si bien pueden parecer atractivos sólo son útiles si se les da sentido, si los indicadores se convierten en información, tanto para el diagnóstico como para el desarrollo de proyectos.
Es cierto que la información es una herramienta invaluable para la toma de decisiones, pero también debe saberse que los datos desagregados ayudan muy poco a dar utilidad a la herramienta. De hecho, en no pocas ocasiones los tomadores de decisiones han sido sepultados por los datos, o han hecho una selección de solo algunos de ellos a conveniencia, lo que explica que cientos de proyectos gubernamentales y particulares hayan fracasado.
Por décadas se ha hablado del enorme potencial turístico de Morelos. Las bondades de su clima, la abundancia de balnearios, zonas arqueológicas, monumentos y tradiciones históricas, espacios para espectáculos de primer nivel, destinos naturales. El turismo ha llegado por esos factores mucho más que por algún proyecto de promoción o impulso al sector.
No era casual, los secretarios de turismo no medían la actividad, hacían estimaciones basadas en datos muy relativos, como la carga carretera de fines de semana, y carecían entonces de proyectos para consolidar la oferta local y aumentar la afluencia de forma constante; tampoco sabían cómo apoyar a un sector exigente que tampoco tenía más datos que los de sus propios negocios. El turismo en Morelos crecía entonces de forma silvestre, y aunque las variaciones negativas en la afluencia se atribuían a la inseguridad, lo cierto es que mayormente se debieron a la falta de una oferta consolidada.
En el 2025 se midió, por primera vez, la actividad turística en el estado. Se contrastó con los pocos y aislados datos anteriores. Mientras, en paralelo se revisaba la oferta de servicios y se encontraban ventajas competitivas que habían sido olvidadas, abandonadas, invisibilizadas. Se cotejó lo local con experiencias internacionales y comenzó a formarse el Programa Maestro de Desarrollo Turístico, uno con visión de corto, mediano y largo plazos.

El proyecto busca consolidar la oferta turística local, construir experiencias positivas e integrales para los visitantes, potenciar el desarrollo sustentable de las actividades turísticas (para reducir el riesgo de daños al medio ambiente), incorporar a las comunidades como parte del sector, y lograr que los beneficios económicos y sociales del turismo se extiendan a la mayor población posible.
Ahora habrá que ponerse a trabajar balo los lineamientos del proyecto e incorporando los que puedan presentarse por las diversas coyunturas nacionales e internacionales. La disposición de los prestadores de servicios turísticos para incorporarse al proyecto con la adaptación, rediseño o creación de una oferta sostenida en los segmentos que se impulsan es fundamental, pero también lo será la seriedad con que las autoridades estatales y municipales coordinen los esfuerzos de miles de empresas, grandes, medianas, pequeñas y micro, para el éxito de los visitantes.
Morelos podrá seguir presumiendo por mucho tiempo de que es un estado turístico, pero ahora lo hará con razón.

Foto: Cortesía

