Los celulares en la educación básica

Morelos resolvió el largo debate sobre el uso de telefonía celular en las escuelas de forma muy sencilla: la prohibición absoluta de la herramienta en el horario escolar.

Aunque hay evidencias del valor educativo que pueden tener los dispositivos en el aprendizaje del alumnado si se incorporan aplicaciones muy útiles para la enseñanza de matemáticas, ciencia, tecnología e historia; parecen imponerse las que también se han reportado sobre los efectos negativos que el uso frecuente de las pantallas y la exposición a diversos contenidos, tienen sobre la salud y la conducta de los menores.

Son muchos los especialistas que han llamado a que la sociedad y las instituciones de adapten al uso de las tecnologías que han marcado un cambio profundo en las sociedades modernas. Pero en el caso de Morelos parece haber ganado el uso irreflexivo de la tecnología como “niñera”, una por cierto muy mala, y con ello la prohibición de los aparatos celulares en el aula ganó la preferencia de las familias, las comunidades escolares y, por supuesto, las autoridades.

Porque si bien es necesario adaptarse a la tecnología, debe reconocerse que la escuela compite hoy por la atención del alumnado con millones de contenidos de libre distribución, miles de ellos profundamente perniciosos, que suelen ser más atractivos para las infancias y adolescencias que las clases y otras actividades escolares.

Desconectarse de las pantallas permitirá la activación física, fortalecer las relaciones en la comunidad escolar, fomentar hábitos saludables y, probablemente, también mejorar el rendimiento del alumnado.

Todo esto es importante, pero probablemente el efecto más deseable de la medida será la reducción del riesgo de problemas de salud mental en la infancia y adolescencia. Recientemente se reportaron los primeros estudios sobre los efectos negativos de los teléfonos móviles en la psiquis de la niñez. Los hallazgos reportan episodios de ansiedad, conductas violentas, retrasos cognitivos y del lenguaje, déficit de atención, aumento de la impulsividad, entre otros que continúan en fases de documentación.

Si bien no se trata de estudios totalmente concluidos, el reporte de riesgo debe ser suficiente para proteger a la niñez y adolescencia de los excesos en el uso de los dispositivos móviles. Una de las principales obligaciones de las comunidades escolares, la sociedad y las familias es, por supuesto, la protección de las infancias y adolescencias y eso se logra, primero, reduciendo cualquier riesgo para su integridad y desarrollo.

El protocolo para la prohibición ya está prácticamente listo y se encuentra en etapa de socialización para que pueda ser implementado. La difusión es necesaria para entender la dimensión de la prohibición dentro de las aulas y en los recreos, la obligación de los alumnos que lo lleven de guardarlo y hacerse responsables del equipo, y hasta las sanciones que se enfrentarían que van desde las llamadas de atención hasta la suspensión temporal en caso de reincidencia.

Aunque suene excesiva, la prohibición del uso de telefonía celular en los alumnos de nivel básico resulta fundamental para mejorar la calidad de vida, la integración de las comunidades escolares, y una vida libre de violencia y segura para la niñez y adolescencia.

LA JORNADA MORELOS