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La naturaleza tiene un poder extraordinario para restaurarse, siempre que se le dé el tiempo necesario para lograrlo. Sobre este principio operan los esquemas de Reservas y Áreas Naturales Protegidas funcionales que conceden tácitamente el argumento de la perniciosa acción humana sobre los ecosistemas. Porque debe reconocerse que, en una cultura cuya tradición es la explotación, muy pocas personas saben convivir con la naturaleza; por ello, a mayor tránsito de personas los riesgos de un acelerado deterioro ambiental, intencionado o no, crecen enormemente.

Bajo esta lógica, Tepoztlán promueve un nuevo acuerdo para cerrar los accesos al Parque Nacional El Tepozteco. El 22 de enero se cumplirán 89 años del decreto del presidente Lázaro Cárdenas que declaró la zona como un Área Natural Protegida que abarca todos los terrenos que rodean al que apenas hace 15 años fue reconocido como Pueblo Mágico, pero que tiene una mística ancestral.

El acuerdo parte del antiguo conocimiento, pero también de la experiencia reciente, apenas en unas semanas de reabiertos los accesos a los cerros la acción humana ha producido un par de incendios que por fortuna pudieron contenerse de forma rápida. El primer fuego fue accidental provocado por niños jugando con cohetes; el segundo intencional; pero al fuego le importan muy poco el dolo o la culpa, al final igual quema, devora hectáreas, arrasa con árboles, con el hábitat de la fauna silvestre, amenaza la biodiversidad y a las comunidades cercanas, contribuye al cambio climático, e impide la conservación y restauración de miles de hectáreas.

Así que el acuerdo para cerrar los accesos a los cerros tiene una lógica incuestionable, que pesa mucho más cuando se conoce la relación de cuidado y respeto que los habitantes de la zona tienen con sus bosques. Se trata de una medida de protección ecológica, en efecto, pero también de refuerzo a la identidad de un pueblo que ha vivido por siglos en armonía con su espacio natural y que mantiene esa idiosincrasia a pesar de la gentrificación que sufre y presiona su identidad buscando debilitarla.

Tan enraizada está la conciencia ecológica en los tepoztecos que cuentan con brigadas civiles de cuidado forestal a las que se ha capacitado y apoyado para cuidar los bosques de los incendios que se han vuelto tristemente frecuentes en el Parque Nacional El Tepozteco.

Como otras de las políticas de la administración del alcalde Perseo Quiroz, ésta seguramente generará miles de comentarios por su aparente severidad. Más allá de posturas políticas y hasta comerciales, tendrá que reconocerse que el acuerdo para salvar los bosques en Tepoztlán es un reflejo profundo de la identidad del Pueblo Mágico.

La medida, por cierto, difícilmente afectará el turismo que llega a Tepoztlán atraído por el paisaje y ambiente rústico y boscoso del poblado y sus alrededores. Los paseantes tienen una oferta turística importante en el Pueblo Mágico sin necesidad de acceder a espacios que corren peligro, especialmente en el periodo de estiaje.

Puede confiarse en que la naturaleza restaurará el Parque Nacional después de los voraces incendios de años pasados, pero debe permitírsele un respiro a salvo de la humanidad por unos meses.

La Jornada Morelos