

Aunque se sigue lejos de la meta, llama la atención como el solo cambio de administración haya permitido el crecimiento de más de 300% en los interesados en formar parte de la policía estatal. De apenas 66 cadetes que se formaron en el 2023, y 80 en el 2024, para este año ya van 265, lo que evidencia un avance relevante que permitirá impulsar la fuerza de seguridad estatal y empezar a atender el déficit de policías.
En enero pasado, a la policía estatal le habían falta alrededor de 8 mil elementos para atender con suficiencia el estado; los 265 elementos que se habrán formado para finales de año representan un avance del 3 por ciento, pero el que en apenas unos meses se haya podido aumentar el interés por pertenecer a la fuerza para crecer en 331% en solo un año el número de cadetes registrados, permite pensar en que, si bien no se alcanzará la cobertura en la actual administración, sí se podría estar cerca de triplicar el estado de fuerza al final del sexenio, lo que junto al reforzamiento de la tecnología para la prevención y persecución de los delitos y el mejor equipamiento de los elementos policiacos, significará un cambio profundo en la protección ciudadana.
Conviene pensar en los motivos del aumento de solicitudes para ingresar a la fuerza policial y la respuesta parece estar en dos líneas:
La primera de ellas, sin duda, es el incremento salarial de 35% a los policías estatales, una medida que fue de las primeras emprendidas por la gobernadora, Margarita González Saravia, para reforzar la seguridad pública en Morelos. El argumento es sencillo, la dignificación de la función policial se traduce en mayor una mayor convicción de servicio de parte de los elementos.
En segundo término, debe reconocerse que, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, los salarios de los policías no están comprometidos a pagos ilegales por beneficios como el uso de patrullas. Uno de los ingresos extralegales de los mandos policiacos de la extinta Comisión Estatal de Seguridad Pública, según el testimonio de policías, era el cobro por el uso de vehículos oficiales para prestar el servicio, algo que fue inmediatamente erradicado con la nueva administración que sustituyó a aquella Comisión por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
Tercero, no debe soslayarse que una buena parte de la vocación está en que los lugares sean deseables para trabajar. Por mucho anhelo, gusto y entrega que forme parte de la convicción de los trabajadores, si las condiciones del lugar donde prestarán su servicio son indignas, el ambiente laboral es agresivo, los jefes son incapaces o carecen de un liderazgo positivo, nadie querrá trabajar en ese sitio. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, cuando el edificio, equipamiento y hasta el estado de fuerza estaba en el olvido, ahora es evidente el cuidado que se está poniendo en mantener condiciones dignas para ejercer la que probablemente sea la labor que requiere el mayor sacrificio en el estado.

Y cuarto, la incorporación de estrategias de inteligencia, labores de investigación, operativos interinstitucionales constantes (tres o cuatro diarios), y sus innegables resultados, ayudan a que los elementos policiales se sientan parte de una estrategia de seguridad que empieza a dar resultados.
Probablemente convenga que los ayuntamientos, empiecen a trabajar en cada uno de esos cuatro aspectos, así probablemente empezarían a contribuir con el fortalecimiento de sus policías municipales y la meta de cobertura policial para Morelos esté aún menos lejana.

