Uno de los problemas más profundos que ha padecido la estructura del sistema educativo en gran parte de México y el mundo es la dificultad para articular el trabajo entre los diversos niveles de enseñanza.  

Aunque pareciera obvio que el objetivo del preescolar es formar alumnos funcionales para la primaria que a su vez deberá formarlos para secundaria, y así hasta los niveles técnicos y superiores que deberían formar ciudadanía con habilidades suficientes para el trabajo, el emprendimiento y la vida en común, lo cierto es que las instituciones de los diversos niveles difícilmente se hablan entre ellas, los métodos son diferentes y en esas circunstancias, la colaboración efectiva es imposible. Cada nivel educativo avanza por sus propios derroteros que sólo a veces coinciden con los de las otras etapas de la enseñanza. 

El tema no es nuevo y se ha intentado enfrentar por décadas, aunque los intentos de planeación, coordinación y articulación del sistema educativo han fracasado siempre por la estructura misma del sector, la falta de continuidad en los mandos educativos, la escasa participación de los actores más importantes, como los padres de familia y los maestros. 

A este escenario deben sumarse los problemas cotidianos en la infraestructura y operatividad del sistema educativo (en Morelos se presentan fallas en el acceso de los planteles a los servicios básicos, pero conflictos laborales, desencuentros entre las comunidades escolares, falta de preparación docente, y otros conflictos que hacen que lo urgente -mantener funcionando el servicio-, se imponga a lo importante -planear y articular los esfuerzos durante todo el trayecto educativo para lograr objetivos comunes. 

Nadie se atrevería a desacreditar los enormes esfuerzos que hacen las comunidades escolares de todos los niveles en el estado, su vocación y trabajo no están a discusión; pero en el ejercicio de sus autonomías, esos esfuerzos suelen diluirse. 

Han sido muchos los esfuerzos para establecer mecanismos de planeación en la educación, pero incluso ellos han sido fortalecidos solo por niveles, comisiones para las universidades, las preparatorias, y la educación básica que a su vez los dividía en preescolar, primaria y secundaria. Cada una de esas comisiones ha funcionado para sus objetivos, pero no han sabido articular los esfuerzos de todo el sistema educativo para atender las necesidades de la sociedad y los sectores productivos. 

Ayer se instaló en Morelos la Comisión para la Planeación Integral de la Educación en el Estado de Morelos, un nuevo intento por establecer mecanismos de coordinación en diagnóstico, políticas y estrategias, esta vez para fortalecer la formación del estudiantado en todos los niveles educativos. 

La comisión integra a todos los niveles educativos para “superar la segmentación histórica” entre ellos y las diferencias de políticas y criterios entre los modelos de financiamiento público y privado. Además, está integrada por las subcomisiones de Diagnóstico y estadística educativa; Innovación tecnológica con enfoque STEAM; Egresados y empleabilidad; Cultura de paz y salud socioemocional; Sostenibilidad y responsabilidad social; así como Vinculación y fomento educativo. 

No es poca cosa porque el reto sigue siendo igual de grande. Ojalá y las autoridades hayan aprendido de los fracasos anteriores, la educación en Morelos lo agradecería mucho. 

La Jornada Morelos