Según los resultados del cuarto trimestre de 2024 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI el sector de personas con empleo en Morelos disminuyó en 33 mil 138 personas respecto del mismo periodo en el 2024, lo que suena alarmante dadas las dimensiones de nuestro estado.

La información revela un panorama complicado si se considera que los morelenses deben seguir buscando su manutención y así, en la proporción en que disminuye el empleo formal, se incrementa la subocupación y se reafirma nuestra persistente informalidad laboral; fenómenos profundamente entrelazados, que tienen causas estructurales y coyunturales que afectan tanto a los trabajadores como a la economía en su conjunto, es decir, lo resienten incluso los que mantienen un empleo regular y quienes trabajan en el gobierno.

Una de las principales causas de la informalidad laboral en Morelos, como lo refleja el informe de INEGI, es la prevalencia de micronegocios y el empleo por cuenta propia. El derrumbe del número de personas empleadas solo señala una alta dependencia de este tipo de actividades económicas que no se encuentran reguladas. Los micronegocios, generalmente operados de forma irregular y no solo carecen de mecanismos de protección social, sino que también enfrentan limitaciones para acceder a créditos, formación empresarial y otras oportunidades que les permitirían prosperar. Es decir, ya son una forma de empleo informal.

Otra causa importante es la escasa diversificación económica en el estado, ya que sectores como el comercio, la industria manufacturera y los servicios presentan estancamientos en términos de empleos formales. La disminución en la ocupación dentro de estos sectores refleja una falta de crecimiento o una incapacidad para generar puestos de trabajo de calidad y estables. La baja inversión en infraestructura y en políticas públicas para incentivar la formalización de los negocios contribuye a que una gran parte de la población laboral opte por trabajar en esas condiciones precarias.

Lo peor de todo es la volatilidad de estos empleos, de los que dependen miles de familias y el funcionamiento económico de la entidad y del país, porque este fenómeno no se limita a Morelos.

Pero el INEGI señala los síntomas de un problema y, en lugar de buscar culpables, deberíamos ponernos a trabajar en el cambio de estas condiciones. De acuerdo con los que saben de economía, se podría empezar por facilitar la formalización de los micronegocios con políticas que los estimulen a dar el paso, incentivos fiscales y financieros que ayuden tanto al negocio como a sus trabajadores.

Para reducir la informalidad, se deben revisar las políticas laborales y fiscales que frenan la formalización. Por ejemplo, se podrían implementar mecanismos más flexibles para que las pequeñas empresas y los trabajadores independientes se incorporen al sistema de seguridad social, sin que esto les represente un costo excesivo. Además, la creación de un sistema fiscal simplificado para pequeños empresarios podría ayudar a que más personas opten por la formalidad sin el temor de ser sobrecargadas por trámites complicados o impuestos excesivos.

Debemos crear un entorno propicio para la inversión en sectores económicos que puedan generar empleos formales de calidad. La diversificación es necesaria para la creación empleos más estables, que no dependan de los micronegocios ni del trabajo informal. La promoción de sectores como la tecnología, la industria verde, o el turismo sostenible -que ya ha señalado la actual administración estatal- podría generar nuevas fuentes de empleo y contribuir a reducir la informalidad

Otro elemento que no hay que perder de vista es la capacitación y la inclusión laboral de la población sub ocupada para romper el círculo vicioso de precariedad en el que se encuentran muchos morelenses.

Hay que cambiar la visión de lo que consideramos un empleo “real” pues no basta recibir un salario que nos permita comprar la comida familiar de un día, sino es aquel que tiene la virtud de impulsar la economía del estado y que le permite pensar en el futuro con tranquilidad a quien lo recibe.

Por preocupantes que puedan parecer las cifras del empleo del INEGI solo empeorarán si solo pasamos la página; en cambio, si las usamos para tomar buenas decisiones, podríamos cambiar tanto el berenjenal por el que nos hemos acostumbrado a transitar, como la vida de millones de morelenses.

La Jornada Morelos