

Uno de los logros del pasado gobierno federal fue la dignificación laboral de los trabajadores que menos ganan. En esa dirección se anotan la recuperación del salario mínimo, la reforma del sistema de pensiones y la eliminación de la vieja práctica de subcontratación de personal.
La recuperación del nivel de vida de todos los trabajadores también es un compromiso explícito de la actual Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum.
El trabajo digno implica respetar los derechos colectivos y también implica la igualdad sustantiva de los trabajadores frente al patrón y que entre todos se procure el bienestar compartido.
Lo anterior no siempre es sencillo por diversos problemas estructurales que padecemos en México como el conocido y generalizado vicio de “hacer que trabajamos para que los otros hagan como que nos pagan”. Y es peor en instituciones públicas, como las Universidades, que deben hacer frente a diversos compromisos con presupuestos que en ocasiones son de sobrevivencia.
Hoy no habrá labores en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos porque sus trabajadores administrativos consideran que se les ha rezagado salarialmente. Señalan que en seis años no se ha revisado el tabulador y que eso ha redundado en que casi un millar de sus compañeros administrativos perciban salarios inferiores al mínimo. Piden la intervención de las autoridades federales para que fondeen a la UAEM con recursos frescos para que pueda ejecutar un “aumento de emergencia”.
En el contexto de las instituciones de educación superior, es imposible ignorar la función crucial que cumplen los trabajadores administrativos, quienes, junto con los docentes, desempeñan un papel fundamental en el engranaje que sostiene la misión educativa, investigadora y social de las universidades. Y el rezago salarial de todos revela una problemática profunda en la estructura laboral del sistema educativo: la falta de actualización salarial que se traduce en una afectación directa tanto en la economía de las familias como en el funcionamiento integral de la institución que afecta todas las tareas que realiza la Universidad, entre la que figura, desde luego, la educación de miles de jóvenes.

De las universidades y de los universitarios los morelenses recibimos diversos beneficios y en ellos cimentamos grandes esperanzas, por eso debemos considerar que sus trabajadores no desempeñan un trabajo cualquiera, pues su esfuerzo lo dedican a la Universidad, una de las fábricas del porvenir en nuestro estado. Merecen una revisión salarial justa y toda la UAEM un presupuesto suficiente para que nadie se quede atrás, trabajadores, científicos o académicos ni tampoco todos los jóvenes que acuden a ella con la mirada puesta en un mejor futuro.

