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Tejido por sus tradiciones, el entramado de significados que es Morelos trasciende sus límites geográficos con la Ciudad de México, Puebla, Guerrero y el Estado de México; pero no se confunde con los estados vecinos, constituye en sí mismo una intrincada red de saberes y conocimientos transmitidos de generación en generación desde sus antepasados prehispánicos; la época virreinal; los agitados periodos de la Independencia, Reforma y Revolución; la construcción del México moderno; y sus aspiraciones, muchas de ellas bien logradas, para edificar un futuro común con la humanidad.

El conglomerado resulta en una experiencia que deleita los sentidos de propios y extraños con colores, formas, sonidos, sabores, aromas integrados todos con una escenografía y clima privilegiados. Y aunque esta riqueza da para siempre disfrutar Morelos, justo este fin de semana inicia la mejor época para visitarlo y vivirlo.

La fiesta de San Miguel Arcángel es una pieza de magia y tradición que tiene múltiples centros en el estado. Acapantzingo en Cuernavaca, Tepoztlán, Coatetelco, Tlaltizapán y Tetela del Volcán tienen grandes celebraciones patronales. Pero la magia está en todo el estado. En los cruceros callejeros, los mercados, los tianguis, se ofrecen las cruces de pericón, una flor que si bien es nativa de gran parte de México y Guatemala, en Morelos resulta profundamente popular lo mismo como medicina para males digestivos, ansiedad e insomnio, que como elemento simbólico para ahuyentar los demonios reales o imaginarios a los que temen los morelenses.

Y aunque haya quienes no crean mucho en la tradición de San Miguel Arcángel, es innegable su papel como la puerta de entrada a un calendario de celebraciones tradicionales locales cuyo colorido está delineado, principalmente, por las flores nativas y cultivadas en los viveros y campos morelenses y cuya presencia es mucho más que adjetiva para cada celebración.

La oferta del último trimestre del año en Morelos incluye las coloridas celebraciones del Día de Muertos, tapizadas siempre por las diversas variedades de flor cempasúchil y el terciopelo que dan cuerpo a las ofrendas para los difuntos, una tradición que con base al tesón y el esfuerzo no sólo sobrevive, sino se fortalece cada año. Parte de la relevancia de la fecha en Morelos se debe al esfuerzo de escuelas, promotores culturales y hasta del gobierno estatal que mantienen desde hace años el Festival Miquixtli como una parte central de la oferta cultural y turística de Morelos para el mundo.

Y apenas se retiran los ornamentos del Día de Muertos, inicia la colocación de los navideños, con las tradicionales flores de nochebuena, que también se cultivan con estándares altísimos de calidad en Morelos como otro acompañamiento a la que el occidente cristiano ha dado en llamar la más maravillosa época del año, y a la que esta tierra y cultura han dado un toque distintivo incorporando su cocina y artesanía propia.

El problema con las tres fiestas florales de los morelenses es que estaban muy lejanas una de otra; así que debe reconocerse el esfuerzo que el gobierno estatal ha hecho por afinar una cartelera que integra otras festividades como un gran carril turístico y cultural que permite transitar de una a otra gran celebración con una oferta que incluye festivales como el del Mezcal y el Queso, el Cervantino, el Foro Mundial de la Gastronomía Mexicana, el Encuentro Cinematográfico Morelos y el ya infaltable Sabor Es Morelos; en los que no faltarán la magia, la cultura, y sobre todo, nuestras flores.

La Jornada Morelos