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Las más terribles historias de violencia contra mujeres son protagonizadas por hombres que son los actuantes agresores cotidianos. Las mujeres quedan reducidas, por una dominancia estructural, a la calidad de víctimas, aunque en los mejores casos suelen resurgir como sobrevivientes un papel profundamente distinto al que la sociedad les había relegado de receptoras de los ataques.

El protagonismo de los hombres en la violencia contra las mujeres, casi en la totalidad de los casos ellas son agredidas por un varón al que conocen y en algún momento le tuvieron afectos o por lo menos confianza. En los casos de violencia feminicida, según los datos que ha registrado el gobierno del estado, el 50% son cometidos por hombres con quienes las víctimas tuvieron una relación de pareja.

De enero a julio, según datos oficiales, 36 mujeres fueron víctimas de feminicidio; 312 de violación; 444 de abuso sexual; 105 de hostigamiento sexual; 2 mil 178 de lesiones dolosas; 66 de homicidios dolosos no calificados como feminicidios; y 5 mil 420 denunciaron violencia familiar.

Algo que debe reconocerse a la administración de la gobernadora, Margarita González Saravia, es la empatía con la situación de las mujeres de todas las edades. Sin asomo de morbo, muchas de las funcionarias del gobierno estatal son también sobrevivientes, y eso les permite identificar las áreas de oportunidad y hasta las criminales omisiones del Estado en materia de políticas públicas que protejan a las mujeres.

La identificación de las fallas ha permitido establecer mecanismos de coordinación desde la Secretaría de las Mujeres con las secretarías de Seguridad y Protección Ciudadana, de Educación, de Salud, y la Fiscalía General del Estado. Y también fortalecer los programas sociales orientados a la autonomía financiera de las mujeres y la formación de redes de colaboración entre ellas; entre otras novedades como la incorporación de la tecnología y las medidas de protección para mujeres en riesgo.

Pero las acciones de los gobiernos federal, estatal, y de los municipales que se han sumado y empezaron algunos desde hace años un trabajo sostenido para la erradicación de la violencia contra las mujeres, continuarán siendo insuficientes frente a una realidad insoslayable, Más del 90% de los casos de agresiones contra mujeres ocurren en el ámbito privado y más allá, en los domicilios, y ahí el Estado no puede entrar.

Porque el diseño del Estado moderno, por cientos de justificadas razones, le impide regular las interacciones íntimas o, diríase en términos más llanos, meterse en los hogares a decir a las familias cómo deben organizarse, aún cuando las intenciones de los promotores puedan ser las mejores.

Frente a esta insuficiencia, la gobernadora, Margarita González Saravia sólo puede hacer aquello para lo que está facultada, llamar a los hombres a reeducarse para prevenir la violencia contra las mujeres en los domicilios y otros espacios privados. El llamado no es sencillo, sólo 23 hombres han respondido a él en los últimos meses, lo que es una cantidad francamente ridícula. Ojalá fuera porque no lo necesitan (debe reconocerse que, aunque no son la mayoría, hay muchos hombres que aprendieron desde su niñez o ya en la etapa adulta, a evitar la violencia contra las mujeres), pero lo cierto es que la gran cantidad de denuncias por agresiones contra las mujeres (más la cifra negra que suele ser altísima en estos casos) hacen pensar que más de la mitad de los hombres en Morelos requieren reeducarse y para ello es necesaria la voluntad de hacerlo. Eso es lo que tendría que formarse.

La Jornada Morelos