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Habrá quienes crean que la obtención de Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas represente solo un reforzamiento del orgullo identitario. Lo cierto es que ambas distinciones tienen un impacto económico y social mucho mayor si saben explotarse.

Las etiquetas son distintas, pero igualmente importantes. La denominación de origen exige que todas las fases de la producción (materias primas, transformación y elaboración) ocurran en la zona geográfica determinada; mientras que para la indicación geográfica protegida requiere de solo una fase, que generalmente es la producción primaria. Sin embargo, ambas son exigentes sobre el vínculo con el territorio y le conceden a este origen una influencia determinante en el resultado final de la producción (sabor, consistencia, duración, propiedades nutricionales, entre otras).

El logro de los sellos significa aumentar entre 20 y 50 por ciento el valor de mercado de los productos, lo que fomenta el desarrollo del campo al aumentar los ingresos de los productores locales.

Estudios internacionales calculan en más de 50 mil millones de dólares anuales el valor del comercio de productos con denominación de origen o indicación geográfica. Pero además estimulan el turismo y la economía local, impulsan la organización de productores, mantienen a la población joven en el campo y reducen la pobreza al aumentar los ingresos.

Estos resultados se dan en el mediano plazo. En Morelos apenas empezarán a notarse en los años próximos en agroindustrias como la mezcalera y la de cecina en Yecapixtla; la primera por la inclusión en la Denominación de Origen y la segunda por el logro de la indicación geográfica.

Las experiencias en otras latitudes son extraordinarias, nombres como Roquefort, Parmigiano-Reggiano, Beaufort, en los quesos; Bordeaux, Chianti, Tequila, Mezcal, en vinos y licores; han generado un incremento notable en el valor comercial y contribuyen al desarrollo económico y social de las comunidades que los producen y a las que otorgaron un reconocimiento mundial.

Aunque una de las preocupaciones mayores de la administración de la gobernadora, Margarita González Saravia es la recuperación de la identidad morelense, tan dañada por dos sexenios de olvido; la apuesta a las indicaciones geográficas y denominaciones de origen para los productos morelenses tiene también un sentido económico pues estimulan la producción agrícola, el comercio de productos locales, las exportaciones, el turismo, generan cadenas de valor y fortalecen a las comunidades.

Cierto que hay riesgos de que, con un abanico amplio de productos protegidos haya descuidos o insuficiencias en el respaldo que requieren los productores; pero Morelos tiene muchos productos que adquieren un valor mayor solo por producirse en su tierra y merecen el reconocimiento e impulso más allá del territorio estatal.

La Jornada Morelos