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Si bien el Instituto de Educación Básica del Estado de Morelos (IEBEM) parece dispuesto a frenar prácticas irregulares en la asignación de plazas del magisterio, aparentemente la estrategia que ha implementado para ello es insuficiente.

Por una parte, parece que la revisión sobre los procesos de concurso de nuevo ingreso es efectiva al detectar probables inconsistencias en la documentación que los aspirantes a plazas de nuevo ingreso deben acreditar para ser contratados. El procedimiento ya se hacía, aunque permitía discrecionalidad de las comisiones revisoras lo que llevó a por lo menos 20 contrataciones irregulares que fueron denunciadas por el gobierno federal en una auditoría realizada a una muestra muy menor de plazas recién asignadas.

Pero, en el otro extremo, según denuncias de trabajadores docentes y administrativos adscritos al IEBEM, la red de corrupción que permitió que por varios años se mantuvieran esquemas de venta de plazas, adscripciones, cambios de centro de trabajo, entre otros movimientos laborales en el sistema educativo estatal permanece intocable.

Sería engañoso pretender que esa red se estableció apenas hace unos meses. Durante muchos años se ha sabido de la existencia de esquemas de corrupción en el sector educativo cuya normatividad permite la intervención discrecional de autoridades educativas, pero también de representantes sindicales. La venta de plazas y beneficios para el magisterio de educación básica ha sido una acusación constante que se había moderado con las reformas al sistema de contratación, pero volvió pocos meses después, cuando funcionarios públicos encontraron el modo de sacarle la vuelta vía interinatos, ocultamiento de vacantes y documentación irregular entre otros medios.

De acuerdo con las denuncias de trabajadores, la red continuaría operando parte porque las lagunas reglamentarias lo permiten, y parte porque las nuevas autoridades a cargo del IEBEM han sido incapaces de identificarla en tanto suele cambiar de actores conforme cambian las fuerzas políticas en el sector educativo. Aparentemente, no se trata solo de un problema de personas, sino de oficinas que resultan fundamentales para la operación de estos esquemas y que incluirían los despachos de Personal, Capacitación, Certificación, además de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros, y las comisiones bipartitas IEBEM-SNTE.

La transparencia en los procesos de asignación de plazas y el estricto apego a la normatividad establecida es importante pues resulta la forma única para garantizar que las y los mejores maestras y maestros sean contratados y estén a cargo de la educación de la niñez y juventud de Morelos.

Si la autoridad educativa está interesada en garantizar el derecho a la educación de calidad, tendría que revisar a profundidad el funcionamiento de cada uno de los despachos que pueden intervenir en los procesos de asignación, incluyendo el de la disponibilidad de vacantes. No basta verificar que los aspirantes cumplan con la documentación requerida, es un ejercicio mucho más complejo y también intenso.

Y si bien probablemente sea una ventaja parcial el que quien ahora es responsable del IEBEM no tenga mayor experiencia en el sector (por lo que se asume no tendría compromisos de grupo); esa inexperiencia puede resultar un obstáculo para identificar dónde están los riesgos de corrupción y enfrentarlos como se debería.

La Jornada Morelos