

Más que los 28 candidatos inscritos al proceso, es la gente del estado quienes merecen que el proceso por el que se designará al titular de la Comisión de Derechos Humanos del estado de Morelos sea tomado con toda seriedad por las diputadas y diputados del Congreso local, responsables de la grave decisión de determinar a quien tendrá la responsabilidad de proteger y promover los derechos de la población.
Preocupa que, con la prisa surgida de la idea de acefalia en la comisión, la LVI Legislatura tome una decisión precipitada que reedite los errores del pasado en que la CDHM sirvió para muy poco, por falta de eficiencia, de proyecto o haber tenido a sus titulares designados por compromisos o cuotas políticas. Hay elementos que permiten pensar en que nuevamente ocurrirá algo así.
Primero, el que los diputados hayan destinado menos de quince minutos a la comparecencia de cada uno de los 28 aspirantes, con el fin de concluir con esa fase del proceso en un solo día, (hoy miércoles), limita la capacidad de un análisis real de los perfiles y proyectos de las y los candidatos, lo que compromete la posibilidad de tomar la mejor decisión.
Segundo, la consideración de que se pudiera designar a la nueva persona titular de la comisión en la sesión de este jueves en caso de darse los acuerdos y construir los consensos, sugiere que el análisis curricular, de proyectos y perfiles se hará de forma apresurada o probablemente hasta simulada, como ha ocurrido ya en pasadas legislaturas.
Entonces, el peligro de que la LVI Legislatura tome una decisión equívoca que no solamente deslegitime a quien finalmente quede a cargo de la CDHM sino también comprometa la autonomía y las funciones de la comisión, es real y debe ser advertido por todos.
Un cargo tan importante para los morelenses en cualquier momento, pero mucho más en la actual coyuntura en que los gobiernos, federal, estatal y algunos municipales, apuestan por la ampliación de los derechos, y por la atención a quienes han sido tradicionalmente marginados de los esquemas de protección del Estado y la justicia social; no puede estar sujeto a apresuramientos, líneas políticas o simulaciones. No es justo para la ciudadanía, pero tampoco para quien al final resulte seleccionada o seleccionado, que su autoridad moral, política y social, quede en duda por el desaseo en el proceso.

Es cierto que la CDHM no debe pasar mucho tiempo sin titular, pero debe valorarse que valen más una o dos semanas con un encargado de despacho que tres años con una titularidad inoperante por compromisos o falta de legitimidad y autoridad moral, como ha ocurrido en otras ocasiones.
Aún hay tiempo para que diputadas y diputados reflexionen, analicen realmente los perfiles y dedican lo que más conviene a Morelos, y no a algún grupo político. La revisión de quienes se han postulado podría darles muchas sorpresas de gente sumamente preparada, con un perfil impecable para ocupar el cargo y que realmente haga de la CDHM un organismo funcional y que se ocupe de los derechos humanos de todos, incluidos y especialmente, los grupos más vulnerables. Tener una comisión vinculada con intereses políticos o, peor, con exgobernadores cuyo respeto a los derechos humanos fue todo menos ejemplar, sería perder una oportunidad magnifica para la CDHM y para Morelos.

