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A un año de iniciada la administración de la gobernadora, Margarita González Saravia, las evaluaciones pueden ser de lo más variadas según la selección de indicadores que se atienda.

En los aspectos positivos que se mencionan bastante poco, podría destacarse la reducción de poco más de dos puntos porcentuales en la informalidad laboral; el fortalecimiento a veces irregular, pero con una constante al alza del empleo formal; el incremento de casi 10 por ciento en la productividad laboral; y un muy discreto, pero sólido crecimiento de la economía local.

Datos mucho más publicitados por la centralidad mediática que tienen, apuntan a la reducción significativa de la violencia y delitos de alto impacto, hasta en 30% los índices de homicidio doloso y robo de vehículos, por ejemplo; la recuperación moderada de la confianza ciudadana que se refleja en el incremento en las denuncias de delitos cuya cifra negra era casi absoluta, como la extorsión; la reducción casi a la mitad de los grupos delictivos que operan en el estado.

En materia de combate a la corrupción, uno de los graves pendientes y dolores de cabeza de los morelenses hace décadas, la gobernadora puede presumir la separación del cargo de por lo menos una veintena de funcionarios con base en denuncias ciudadanas, la mayoría de ellos sujetos aún a procesos de investigación. La presentación de denuncias contra exfuncionarios de la administración anterior implicados en probables ilícitos en el servicio público, y la reiterada promesa (por los tiempos jurídicos es pronto para exigir cumplimiento total) de que no se protege a nadie.

Otro hecho fundamental es que el Estado ha vuelto a invertir en su desarrollo. Después de poco más se un sexenio vuelve a haber obra pública en infraestructura y vivienda; se destinaron 700 millones de pesos para impulsar la producción agrícola, además de los recursos que se destinan para la mejora del distrito de riego; se invierte en el aeropuerto Mariano Matamoros para volverlo nuevamente útil como parte fundamental del proyecto de desarrollo económico de la entidad; se han aterrizado inversiones por más de dos mil millones de pesos en los sectores que corresponden a las vocaciones productivas del estado, y se atraen otras en diversas actividades económicas.

Los datos evidencian mejoras algunas muy moderadas y otras realmente sustanciales en indicadores relevantes. Y si bien es obvio que ninguno de los datos puede atribuirse sólo a una persona (la gobernadora, Margarita González Saravia), también debe reconocerse que el liderazgo de la mandataria ha sido un factor importante para la construcción de cada uno de los avances.

Porque si los grandes logros del estado se han de construir entre todos, lo que se ha percibido desde el primer día de la administración de la gobernadora es un ánimo de reconciliación y reconstrucción de la enorme comunidad a la que llamamos Morelos. Después de más de una década de enfrentamientos, rencores y suspicacias que llegaron incluso a separar a la sociedad impidiéndole organizarse para trabajar en su propio desarrollo; hoy se percibe un ambiente de unidad, colaboración y trabajo. La mayor parte de la clase política parece haberse reconciliado, pero mucho más importante, los sectores de la sociedad se han reencontrado en la construcción de proyectos y en el trabajo cotidiano que nos permite ser mucho más fuertes que cualquiera de nuestros problemas. Y a ello ha contribuido, sin duda, la política de puertas abiertas y de eventos públicos de la gobernadora.

Para eso no hay indicadores más que la evidencia, y lo significativo que ha resultado en la primera fase de la reconstrucción de Morelos.

La Jornada Morelos