

La denuncia iniciada por la autoridad federal por presuntos actos de corrupción ocurridos en el Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos, durante procesos de asignación de plazas y horas adicionales; evidencia que las viejas prácticas de deshonestidad que recuerdan a las peores épocas del organismo.
Aún peor, los hechos demuestran lo poco que ha aprendido el IEBEM sobre la calidad del servicio educativo, y muy escaso compromiso con la enseñanza y aprendizaje de los miles de niñas, niños y adolescentes que padres y madres de familia morelenses les confían todos los días con la esperanza de brindarles un futuro mejor.
El tráfico irregular de plazas en el sistema educativo estatal no es un asunto nuevo, por décadas la complicidad entre las autoridades del sector y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación permitió redes de corrupción que permitieron el acceso de malos elementos a las aulas, direcciones, supervisiones y otras áreas del sistema educativo estatal.
Aunque siempre han sido muchos más los maestros con vocación y suficientemente preparados, lo cierto es que muchos de los espacios estratégicos para el proceso educativo eran ocupados por personajes que obtuvieron plazas y ascensos de forma irregular, por comprarlos, o por relaciones políticas o sindicales; algo que comprometió siempre la integridad del sistema en que se dejó de premiar el mérito docente lo que sigue generando profundas y dañinas frustraciones para las maestras y maestros trabajadores y preparados.
Con todo y sus enormes defectos, las reformas del 2008 y 2014 permitieron transparentar los procesos de asignación de plazas y promoción del magisterio. Una generación de maestros ingresó al sistema educativo estatal gracias a concursos imperfectos, pero transparentes que permitían el acceso de los mejor preparados al sistema educativo estatal.
Pero pronto se encontraron las formas desde las autoridades y el sindicato para volver a las viejas prácticas, ahora con algunas sofisticaciones mayores, como la falsificación de documentos, los obstáculos a maestros que ganaban los concursos de asignación, y hasta la clonación de plazas.

La etapa de Eliacín Salgado de Paz como director del IEBEM estuvo marcada por múltiples señalamientos de ineptitud, manipulación política del magisterio, e irregularidades graves en la asignación de plazas. Fueron esos actos de corrupción los que permitieron la acumulación de adeudos con maestros que trabajaban, pero sus plazas y horas adicionales no eran reconocidas por espacios de hasta cinco o seis años.
Desde su campaña, la gobernadora, Margarita González Saravia estableció con los maestros de Morelos una agenda de compromisos en los que, además de la capacitación constante y la mejora sustancial del servicio e infraestructura educativos, incluía la transparencia en los procesos de asignación de plazas y la reestructura o desaparición de las instancias que habían favorecido la corrupción en la asignación de plazas, promociones, horas adicionales, y otros beneficios que merece el buen magisterio pero en cambio eran entregados a cambio de favores diversos.
El nombramiento de un maestro reconocido en la dirección del IEBEM suponía una esperanza de erradicar la corrupción en el IEBEM, particularmente en el área de personal. Los primeros indicios de las investigaciones apuntan a que ocurrió justamente lo contrario y eso es muy grave no solamente por las violaciones constantes a la ley y a los derechos laborales y humanos de docentes y aspirantes a serlo, sino mucho más, por el derecho de la niñez y adolescencia morelense a recibir una educación de calidad que les permita construir un mejor futuro para ellos mismos y para toda la sociedad.


